Paraísos radiactivos

Por más que se empeñe el ser humano, la naturaleza siempre se abre paso

Lynx lynx ssp. Balcanicus

Lynx lynx ssp. Balcanicus

Foto: AP Photo/Sergiy Gaschak

Héctor Rodríguez

10 de junio de 2016

Dos linces (Lynx lynx ssp. Balcanicus) deambulan por las inmediaciones de Chernobil,  Ucrania,  30 años después de que uno de los reactores de la Central Nuclear V.I. Lenin se incendiara arrojando una nube letal de radiación a la atmósfera en una de las peores catástrofes nucleares de la historia.

Hoy la ciudad de Pripiat  y sus alrededores, pese a la radiación, son lugares idóneos para que muchas especies prosperen al margen de la influencia humana. De acuerdo con un nuevo estudio dirigido por el científico ambiental Jim Smith de la Universidad británica de Portsmouth y publicado en la revista Current Biology, la reserva natural de Polesie, establecida tras el desastre de 1986 y que se extiende al norte de la ahora abandonada central nuclear, acoge alces, jabalíes, linces y lobos salvajes allí donde antes vivían unas 20.000 personas.