Llamaradas en la estrella Polar

Mapa magnético de la Vía Láctea en la región de Polaris

Mapa magnético de la Vía Láctea en la región de Polaris

Foto: ESA / Satélite Planck

Una figura emerge de las llamas a modo de espectro rojo y se desplaza hacia la izquierda de la fotografía en un remolino de cálidos colores.

Esta imagen, tomada por satélite Planck de la ESA parece fruto de la imaginación del mismísimo Van Gogh. No se trata de una vista a color real ni de una reproducción simulada sino que es resultado de una serie de observaciones realizadas por el satélite entre los años 2009 y 2013 en busca de signos de luz antigua -o radiación cósmica de fondo- y emisiones de polvo cósmico. Y fue precisamente una emisión de polvo lo que permitió a Planck crear este mapa único del firmamento; un mapa magnético.

Las líneas en relieve muestran la dirección aproximada del campo magnético de nuestra galaxia en la región de Polaris, y como los granos de polvo en la Vía Láctea y sus alrededores se ven afectados por el campo magnético de la galaxia, entrelazándose con él y alineándose en el espacio.

La nube se encuentra cerca del Polo Norte Celeste, un punto en el firmamento alineado actualmente con el eje de rotación de la Tierra. Esta línea imaginaria, que atraviesa los hemisferios norte y sur, apunta a los dos polos celestes. Para encontrar el Polo Celeste Norte, el observador solo tiene que localizar la Estrella Polar, o Polaris, que es la estrella más brillante de la constelación de la Osa Menor.

Algunos de los secretos de “Polaris Flare” fueron desvelados hace algunos años por el observatorio Herschel de la ESA. Gracias a una combinación de las observaciones de Herschel y a una simulación por ordenador, los científicos han llegado a la conclusión de que los filamentos de la red de Polaris podrían haberse formado mediante ondas de choque atravesando lentamente una densa nube interestelar, es decir, una acumulación de gas y polvo cósmico frío situada entre las estrellas de nuestra galaxia.

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Estas ondas de choque, habrían sido generadas por la explosión de estrellas cercanas que, con su muerte, perturbaron el espacio a su alrededor, provocando una serie de turbulencias. Estas ondas hicieron que el gas y el polvo se elevase a su paso, formando los serpenteantes filamentos que se aprecian en la imagen.