Jugando con el pangolín

15 de diciembre de 2016

Lance Lance van de Vyver, el autor de esta fotografía, había perseguido a la manada de leones durante varias horas antes de que se detuvieran a descansar en un charco. No obstante su atención no estaba en beber. Los leones de la Reserva de Caza Privada de Tswalu Kalahari, en Sudáfrica, habían descubierto a las orillas del manantial a un pequeño pangolín de Temminck (Manis temminckii).

Este mamífero nocturno comedor de hormigas está blindado con unas infranqueables escamas conformadas por “pelo soldado”, y se enrolla en una bola casi inexpugnable cuando se siente amenazado.

Los pangolines generalmente escapan ilesos de los grandes felinos, aunque no de los seres humanos, cuya explotación orientada al comercio de la medicina tradicional está causando su rápido declive.

Pero estos leones simplemente no se rinden. "Lo rodaron como un balón de fútbol", dice Lance. "Cada vez que perdían el interés, el pangolín se desenrollaba y trataba de retirarse, pero esto atraía de nuevo su atención".

Viendo a un joven león sosteniendo al pangolín hecho una pelota, Lance se centró en las garras del león y las escamas rayadas del pangolín, eligiendo el blanco y negro para ayudar a simplificar la composición y tomar esta captura de la escena.

Tuvieron que pasar 14 horas antes de que la manada se cansara del juego y finalmente se fuera a cazar. El pangolin no parecía estar lesionado, pero el pobre animal murió poco después, probablemente no sólo por el estrés al que había sido sometido por los leones, sino también por la exposición al calor durante todo el día.

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