Formación estelar en el Camaleón

Región Camaleón I en la Vía Láctea

Región Camaleón I en la Vía Láctea

Foto: ESA/Herschel / Á. Ribas

29 de noviembre de 2017

La región Camaleón I, que observada con telescopios ópticos apenas parece una nube oscura, es un núcleo activo de formación estelar como nos revela esta imagen del infrarrojo lejano tomada por el observatorio espacial Herschel de la ESA. A tan solo 550 años luz hacia el sur, en la constelación de El Camaleón, se trata de una de las zonas más cercanas en que nacen estrellas.

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Herschel, lanzado en 2009, observó el firmamento a ondas submilimétricas y del infrarrojo lejano hasta 2013. Sensible al calor procedente de la mínima fracción de polvo frío mezclada en las nubes de gas donde se forman las estrellas, ofreció vistas inéditas de la materia interestelar que abunda en nuestra Vía Láctea. Las extraordinarios observaciones de Herschel descubrieron una vasta e intrincada red de estructuras filamentosas presentes por toda la galaxia, lo que confirmó la importancia clave de dichos filamentos en el proceso de formación estelar.

Una vez que la red filamentosa surge de los turbulentos movimientos del gas en la materia interestelar, la gravedad afecta a los filamentos más densos, que empiezan a ser inestables y se fragmentan formando objetos compactos: el germen de las futuras estrellas.

Camaleón I no es una excepción y presenta varias estructuras fibrosas que atraviesan la nube. La mayoría de la actividad de formación estelar tiene lugar donde convergen estos filamentos —el área brillante hacia la esquina superior derecha— y en la región más grande, salpicada de estrellas recientes, situada justo a la izquierda del centro de la imagen.

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Al analizar imágenes como esta, los astrónomos han identificado más de 200 estrellas jóvenes en esta nube de dos millones de años. La mayoría de ellas aún se encuentran rodeadas por un disco de material residual del proceso de formación, que podría evolucionar hasta dar lugar más a tarde a planetas. Dada su relativa cercanía, Camaleón I constituye un laboratorio ideal para explorar los discos protoplanetarios y sus propiedades a partir de los datos del observatorio Espacial Herschel.