Sahara

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GettyImages-628798244. Desierto de Sáhara

Desierto de Sáhara

Al sudeste de Marrakech se extiende el inmenso Sáhara, con sus dunas anaranjadas, punteadas por oasis y algún recinto fortificado (ksar). Recorrer el desierto es una experiencia inolvidable que permite conocer la forma de vida de los beduinos. Se organizan excursiones en todoterreno o a lomos de camello, durmiento en haimas o en hoteles del desierto.

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N32-2342379. Uarzazat

Uarzazat

Con sus magníficos escenarios naturales y de cine, es punto de partida de las mejores rutas por el Gran Atlas, la última parada antes de las dunas y los fértiles oasis que salpican el Sáhara para aquellos que quieren internarse en el desierto. En la imagen, el ksar Aït Benhaddu.

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Fotografía ganadora en la categoría "Lifestyle"

Fotografía ganadora en la categoría "Lifestyle"

Jody MacDonald, autora de la imagen: "Cuando era joven solía leer revistas como National Geographic y soñar con viajes y aventuras como viajar en uno de los trenes más largos del mundo a través del Sahara. Había soñado con los océanos de arena, el ruido estridente del tren, el frío, el viento, el sol abrasador, y los desconocidos olores y sonidos del desierto. Así que cuando me pidieron fotografiara un viaje en condiciones muy duras, el recorrido de 700 kilómetros a través del desierto del Sahara, en Mauritania, fue exactamente lo que me vino a la mente. Después de semanas de planificación, nuestro viaje comenzó en la capital de Nouakchott. A partir de ahí, mi hermano y yo nos trasladamos hacia el norte por el interior del país a bordo del tren de Mauritania. Nuestro arriesgado viaje en tren comenzó en las minas de hierro de Zouérat en el Sahara, y transcurrió a través del árido desierto hacia el puerto de Nuadibú, en el Atlántico. Queríamos llegar a la costa para hacer surf en sitios aún sin explorar. Así pasamos 15 largas horas a través del desierto en un tren de tres kilómetros y que transporta aproximadamente 84 toneladas de mineral de hierro a través de un país paralizado por el terrorismo, la esclavitud y la pobreza".

Detalles técnicos de la imagen:
Cámara: Leica X-U (Typ 113)
Objetivo: 23.0mm f/1.7 
ISO: 100
F-Stop: 7.1
Velocidad de Obturación: 1/500

Foto: Jody MacDonald / Red Bull Illume 2016

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El impacto del cambio climático en el patrimonio. Patrimonio de la humanidad

Patrimonio de la humanidad

CHINGUETTI, MAURITANIA

La medina medieval de este antiguo centro caravanero y encrucijada de las rutas comerciales que cruzaban el Sahara se ve seriamente amenazada por el avance imparable de la arena del desierto y por la erosión.

Foto: Bruno Perousse / Hemis / Gtres

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Noche en el desierto

Noche en el desierto

Una de las mejores experiencias que existen es dormir en mitad del desierto bajo un cielo inmensamente estrellado y rodeados del silencio más absoluto. A lomos de un camello o en un vehículo cuatro por cuatro, la excursión hasta las dunas de Merzouga es un preludio maravilloso a la velada que proponemos. Dunas de casi cien metros de altura y un horizonte de arena infinita rodean la pequeña tienda equipada con todas las comodidades y preparada para una cena bajo las estrellas en la que no faltará la tajine de cordero guisada con aceitunas, los dátiles y el té a la menta.

Gtres

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HEMIS 1725372. El Sahara

El Sahara

En el sur de Túnez se extiende el inmenso mar de dunas del desierto habitado por tribus nómadas. En diciembre, en las ciudades de Douz y Tozeur se celebran dos festivales en los que se muestra su cultura, costumbres y tradiciones.  

Gtres

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HEMIS 0356692. Festival Internacional del Sahara

Festival Internacional del Sahara

Del 25 al 27 de diciembre, se celebrará en Douz la 47ª edición de este festival en el que tienen lugar exhibiciones de caballos árabes, carreras de salukis -los galgos del norte de África-, y grandes espectáculos de música, danzas y poesía, ésta última celebrada con una apasionante competición.

Gtres

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08-wadi-hazar-yemen. Seif. Sáhara, Chad.

Seif. Sáhara, Chad.

Los largos y afilados seifs (que en árabe significa espada), o dunas longitudinales, se forman en zonas con cantidades modestas de arena y vientos variables.

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Foto: George Steinmetz

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10-namib-desert-empty-building. Sáhara, Argelia.

Sáhara, Argelia.

En un oasis cercano a la ciudad de Timimoun los habitantes del lugar vallan sus huertas con hojas de palmera para protegerlas de la arena en suspensión que, debido a la acción del viento, se va acumulando junto a los cercados. 

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Foto: George Steinmetz

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11-sahara-mauritania. Sahara, Mauritania.

Sahara, Mauritania.

Siguiendo una antigua ruta caravanera, los turistas recorren un laberinto de dunas a lomos de dromedarios. Las tormentas de arena desplazan las dunas constantemente, ofreciendo de este modo un paisaje cambiante y caleidoscópico. 

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Foto: George Steinmetz

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tuareg13. Los ojos del desierto

Los ojos del desierto

Rebeldes tuareg se cruzan en el camino con un nómada de su misma etnia. Le obsequian con té y azúcar y le preguntan qué ha visto. «Para saber lo que pasa por aquí, hay que hablar con un tuareg –explica el cabecilla rebelde–. Somos los ojos de este desierto.»

Brent Stirton

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tuareg12. Un pasado todavía presente

Un pasado todavía presente

Unos simpatizantes hacen campaña en favor de un candidato tuareg en Agadez antes de las elecciones de 2009 en Níger. La historia ensombrece la política, pues la minoría tuareg se enfrenta al rencor de los grupos étnicos a los que esclavizó en el pasado.

Foto: Brent Stirton

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tuareg11. Aumenta la tribu

Aumenta la tribu

Unas mujeres tuareg se reunen en torno a unos cuencos de macarrones durante la ceremonia para elegir nombre a un recién nacido. Las familiares de más edad de la madre proponen tres posibles nombres, y a cada uno de ellos le asignan un palito. La madre escoge uno de los tres palitos y, con ello, el nombre del hijo.

Foto: Brent Stirton

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tuareg10. El fin de un modo de vida

El fin de un modo de vida

Las mujeres preparan la cena al pie de la jaima. Con los rebaños diezmados por las sequías, muchos tuareg nómadas se han marchado a las ciudades para trabajar como herreros, guarnicioneros y guías turísticos.

Foto: Brent Stirton

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tuareg09. La llegada de la estación seca

La llegada de la estación seca

La estación húmeda llega a su fin. A Moussa (en el fondo de la imagen) le esperan meses duros, durante los que deberá procurar pasto suficiente para sus rebaños con que sobrevivir hasta que la lluvia regrese. «El agua es vida», dice, recitando un proverbio tuareg.

Foto: Brent Stirton

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tuareg08. Agua; el tesoro mas preciado

Agua; el tesoro mas preciado

Un niño tuareg mantiene a los burros alejados del pozo.

Foto: Brent Stirton

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tuareg07. Un mundo de arena

Un mundo de arena

Un caravanero de ascendencia tuareg y árabe conduce sus camellos en Mali. De sus tíos tuareg aprendió qué plantas pueden curar, o matar, al ganado, y a orientarse por el color, la textura y el sabor de la arena.

Foto: Brent Stirton

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tuareg06. Nómadas del desierto

Nómadas del desierto

Al final de la estación lluviosa, los nómadas tuareg del noroeste de Níger, con sus tiendas a lomos de asnos, trasladan su bien alimentado ganado hacia las áreas de pasto invernales.

Foto: Brent Stirton

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tuareg05. Los mercaderes de la sal

Los mercaderes de la sal

Las caravanas de camellos que antaño cruzaban el Sahara desaparecen con rapidez ante la llegada de los camiones. Los tuareg que se dirigen a Timbuctú con sal de Taoudenni (arriba) temen por el futuro de la tradición. «Nuestros hijos no muestran interés», dicen.

Foto: Brent Stirton

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tuareg04. El uranio de la discordia

El uranio de la discordia

Poco después del amanecer, los rebeldes tuareg del Movimiento de los Nigerinos por la Justicia toman posiciones durante unas maniobras cerca de su base del macizo del Aïr. Los tuareg han protagonizado dos rebeliones contra el Gobierno de Níger, la última de ellas en relación con la explotación de las minas de uranio ubicadas en sus tierras.

Foto: Brent Stirton

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tuareg03. Rebelión en el desierto

Rebelión en el desierto

Combatientes tuareg observan una escuela que ha resultado dañada en la batalla, en el norte de Níger. En los últimos años los tuareg de Níger y Mali se han rebelado, afirmando que sus Gobiernos los gravan con impuestos pero apenas invierten en sus regiones empobrecidas.

Foto: Brent Stirton

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tuareg02. Azul añil

Azul añil

Con las manos manchadas por el tinte añil de sus ropas nuevas, unas tuareg celebran un nacimiento. Estas mujeres no suelen cubrirse el rostro. Los hombres sí lo hacen, ataviados con turbantes.

Foto: Brent Stirton

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tuareg01. Tassili-n-Ajjer

Tassili-n-Ajjer

El viento vespertino agita la túnica de un tuareg que camina por Tassili-n-Ajjer, en el sudeste de Argelia.

Foto: Brent Stirton

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Metatada_253

De color rojo intenso debido a las algas que se han adaptado para sobrevivir en unas aguas hipersalinas, este lago salado de Ubari se alimenta de manantiales de un acuífero subterráneo creado por antiguas lluvias. El agua dulce se evapora, provocando grandes concentraciones de sal.

George Steinmetz

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Metatada_252

Metatada_252

Palmeras datileras y juncos forman un exuberante vergel en Umm al-Maa, recuerdo del antiguo lago Megafezzán, que hace unos 200.000 años llegó a cubrir una superficie del tamaño de Inglaterra.

George Steinmetz

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Metatada_251

Piedras de distintas tonalidades y cuidadosamente seleccionadas señalan la tumba solitaria de un pastor que murió hace entre 3.000 y 5.000 años. A medida que las lluvias empezaron a escasear, los habitantes del Fezzán se concentraron en torno a oasis dispersos.

George Steinmetz

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Metatada_250

Las Montañas Akakus, sometidas a un largo proceso de erosión, atraviesan el Fezzán, formando una sinuosa línea de enormes masas rocosas y abruptas mesetas. El arte rupestre y los grabados de hace 8.000 años abundan en las grutas de estas montañas de piedra caliza.

George Steinmetz

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Metatada_249

La arena y los fuertes vientos tallaron este arco en los montes Akakus. aLa creciente sequedad del clima obligó a los antiguosa pobladores de la zona a abandonarla, dejando atrás la árida y silenciosa belleza del Fezzán bajo el cielo del desierto.

George Steinmetz

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Metatada_248

Moldeadas por los vientos, las dunas del mar de arena de Murzuq se extienden hasta el horizonte. Durante siglos, las caravanas han cruzado el Sahara: de norte a sur, cargadas de aceite, vino y piezas de vidrio; de sur a norte, con oro, marfil y esclavos.

George Steinmetz

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Metatada_247

Apenas hay accidentes de tráfico, pero los carteles con la imagen del líder libio Muammar al-Gadafi están por todas partes en Sabha, la principal ciudad del Fezzán, donde las precipitaciones son de apenas unos diez milímetros al año. Más allá de la ciudad y de unos cuantos pueblos se extiende el Sahara, donde no hay carreteras.

 

George Steinmetz

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Metatada_246

Los turistas que viajaron a Waw an Namus para ver el eclipse total de sol el 29 de marzo de 2006 dejaron su huella en las rocas del desierto. Miles de personas se instalaron en una «ciudad-desierto» provisional para presenciar el acontecimiento.

George Steinmetz

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Metatada_245

Metatada_245

La lucha entre dos felinos salvajes grabada en la piedra junto al uadi Matkandush hace 5.000 años, antes de que las lluvias cesaran y el Fezzán se volviera un desierto, podría evocar los poderes que para los cazadores de la región tenían los feroces carnívoros.

George Steinmetz

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Metatada_244

Metatada_244

Palmeras datileras y juncos alimentados por un acuífero subterráneo jalonan la orilla de Umm al-Maa, una de las doce lagunas de agua salada en el mar de arena de Ubari, recuerdo del antiguo lago Megafezzán.

George Steinmetz

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Metatada_243

Metatada_243

Semienterrados entre las dunas, los pináculos de arenisca de Maridet hacen que una camioneta parezca pequeña (abajo, derecha). Hace mucho tiempo, en un Sahara verde, las lluvias tropicales disolvieron
la roca circundante y dejaron estas formaciones.

George Steinmetz

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Metatada_242

En el corazón del Sahara, el agua de lluvia caída hace miles de años se acumula en el cráter volcánico de Waw an-Namus. El viento arrastró la ceniza negra de la última erupción a 20 kilómetros de distancia a través del desierto.

George Steinmetz

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