Espacio

Viaje al centro de la Luna

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2 de agosto de 2011

Cuando los astronautas del Apolo llegaron a la Luna, no perforaron a más de tres metros de profundidad, pero los instrumentos que dejaron allí siguen ayudándonos a conocer mejor la estructura interna de nuestro vecino celeste. Los últimos análisis de los datos sísmicos recabados hace 40 años confirman que en lo más profundo del frío y árido satélite que gira en torno a la Tierra hay un núcleo líquido y candente.
«El núcleo fundido nos dice mucho sobre la evolución de la Luna», dice Renee Weber, de la NASA, quien ha estudiado los registros efectuados entre 1969 y 1977, de los cuales sólo una cuarta parte había sido analizada desde las misiones Apolo. Los actuales ordenadores han permitido a Weber y sus colegas examinar el resto de la información, centrándose en los sismos lunares profundos. Al igual que la Tierra, la Luna tiene un núcleo compuesto por capas líquidas y sólidas. La más interna es la más caliente, aunque sólida, debido a la enorme presión. Pero mientras que el núcleo terrestre se halla en estado de convección (es decir, es dinámico, lo que determina el movimiento de placas tectónicas, la actividad volcánica y el campo magnético), el de la Luna se cree está inactivo.
El líquido presente en el núcleo externo sugiere que la Luna podría haber estado fundida cuando se formó hace 4.500 millones de años, dice Weber. «Aunque la Tierra y la Luna se formaron en períodos cercanos, ésta es más pequeña, de modo que ha ido perdiendo energía con más rapidez.» En algún momento el núcleo lunar pudo haber estado también en estado de convección. ¿Cómo lo sabemos? Gracias a los rastros magnéticos presentes en las muestras de la superficie lunar con las que regresaron los astronautas. —Luna Shyr

 

Foto: NASA