Ver la luz

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12 de enero de 2015

El biólogo marino David Gruber ilumina un mundo submarino que desconocemos. Para una exposición en el Museo Americano de Historia Natural de Nueva York, Gruber creó un colosal fotomontaje de imágenes de corales biofluorescentes uniendo cientos de fotografías diurnas y nocturnas de un arrecife de las islas Caimán. En una de ellas emergía de la oscuridad una pequeña anguila de color verde fluorescente. A Gruber le picó la curiosidad, por lo que su equipo se propuso localizar aquella criatura misteriosa en su medio natural. Lo lograron, pero además se toparon con otras 200 especies biofluorescentes.
Las especies bioluminiscentes generan su propia luz mediante una reacción química o porque albergan bacterias que producen luz; en cambio, las especies biofluorescentes identificadas por Gruber recurren a un proceso pasivo por el cual las moléculas de su piel absorben la luz azul del océano y la proyectan de nuevo en tonos verdes, rojos y anaranjados que los humanos no vemos si no es a través de filtros. Los colores solo son visibles para otros seres también biofluorescentes, cuyos ojos poseen los filtros necesarios para captar esos tonos. Según Gruber, esas moléculas y filtros responsables de la fluorescencia surgieron en la historia evolutiva para que ciertas especies marinas se reconocieran entre sí y se apareasen sin dilación en un entorno lleno de depredadores.
«El hallazgo abre una nueva ventana a la ciencia», dice Gruber, quien actualmente emplea estas resplandecientes proteínas en estudios biomédicos que podrían arrojar luz a multitud de estudios, desde el sida hasta el funcionamiento del cerebro.