Entomología

Una mosca del cretácico

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El insecto, que se creía extinto, "resucita" en un macizo montañoso de Namibia

Se supo de su antigua existencia cuando en 1999 fue hallada en Álava, atrapada en ámbar y fosilizada, tras lo cual se pudo determinar que esta mosca vivió hace unos 110 millones de años, coincidiendo en el tiempo con los dinosaurios. La primera especie fósil fue descrita por Antonio Arillo, entomólogo de la Universidad Complutense de Madrid, y por Saskia Waters, entonces investigadora del Instituto Bernard Price de Johannesburgo, en Sudáfrica, y fue bautizada como Alavesia subiasi en honor al acarólogo Luis Subías. Con posterioridad apareció una segunda especie, fosilizada en ámbar asturiano. La descubrió el gemólogo Miguel Ángel Prieto, y los encargados de su descripción, Arillo y Enrique Peñalver, del Instituto Geológico y Minero de España (IGME), la denominaron Alavesia prietoi en honor a su descubridor.

La mosca, peculiar por la morfología de sus antenas y por ciertas características de la nervación de las alas, fue descubierta en el marco de un proyecto sobre el estudio del ámbar español desarrollado por el Ministerio de Ciencia e y dirigido por el geólogo Xavier Delclós, de la Universidad de Barcelona. Estaba considerada una extinta reliquia del pasado, por lo cual la sorpresa fue mayúscula cuando dos entomólogos, de Canadá y de Sudáfrica, la observaron recientemente, vivita y volando, en el macizo montañoso Brandberg, al noroeste del desierto de Namibia, situado en la región de Damaraland. Tanto los investigadores que la han visto como los entomólogos españoles que la describieron por primera vez tras observarla al microscopio en el interior de un fragmento de ámbar han tenido la sensación de ver «resucitada» una especie primitiva extinguida desde hace millones de años.

Nada se sabe de la biología de este insecto milenario, y habrá que viajar a Namibia para observar algún ejemplar en su hábitat para estudiarlo. De momento, los científicos que la hallaron in situ, Bradley Sinclair y Ashley Kirk-Spriggs, han reubicado a la mosca en la familia de los ateléstidos tras haber estudiado su estructura interna, algo que no fue posible en los ejemplares fósiles.

«El descubrimiento de una criatura viva que se creía extinguida desde hace millones de años permite albergar esperanzas de descubrir otro «mundo Perdido» en el macizo Brandberg», declara Enrique Peñalver, del IGME. El macizo es una espectacular intrusión granítica circular de 650 kilómetros cuadrados, encajada en medio del desierto de Namibia, en la que hace algunos años ya se descubrieron los primeros ejemplares vivientes de un orden de insectos carnívoros llamados mantofásmidos, cuyos ejemplares sólo se conocían como fósiles en ámbar báltico. «Posiblemente esta región sea como una ventana a tiempos remotos donde los insectos habrían seguido una evolución sin grandes cambios, seguramente por aislamiento», apunta el científico. –Eva van den Berg

Foto: Dr Bradley Sinclair