Polvo de marfil

12 de marzo de 2014

El pasado mes de junio Filipinas dio un golpe al tráfico ilegal de marfil al convertirse en el primer país no africano en destruir sus existencias de marfil confiscado. El archipiélago ha desempeñado un papel clave en el problema del contrabando de este preciado material, tanto en calidad de consumidor de marfil ilegal –sobre todo para la confección de objetos de culto católicos– como de escala hacia mercados más grandes. Ahora espera ser también protagonista para su solución.
Cada año las mafias sacrifican decenas de miles de elefantes africanos y exportan los colmillos de manera ilegal, casi siempre a China, donde se tallan y convierten en toda clase de objetos, desde palillos hasta figuras religiosas. Un próspero mercado negro que mueve 50 millones de dólares al año.
Tras tomar muestras para analizar su ADN, los colmillos fueron reducidos a añicos y después incinerados en un crematorio de animales. Las autoridades dicen que las cenizas serán depositadas junto a un monumento en honor al elefante.
«Filipinas no quiere participar en esa masacre» declaró el secretario del Departamento de Medio Ambiente y Recursos Naturales, Ramon J. P. Paje. En el resto del mundo, las incautaciones de marfil abarrotan los almacenes nacionales.  —Bryan Christy

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