Ciencia

Ojos bajo el agua

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14 de julio de 2010

El planeador autónomo submarino no tripulado RU-27 Scarlet Knight («Caballero Escarlata») ha marcado un hito: ser el primero de su estirpe en atravesar el océano Atlántico. Salió de Nueva Jersey el 27 de abril de 2009, recorrió 7.400 kilómetros en 221 días y, gracias a su preciso sistema de navegación y a la pericia del equipo encargado de su pilotaje remoto, arribó a buen puerto, concretamente al de Bayona, en Pontevedra, donde fue recogido el pasado 4 de diciembre. Y todo ello sin propulsión mecánica, porque este tipo de vehículo, llamado glider, o planeador, viaja sin necesidad de motor.
«Puede hundirse o ascender aprovechando diferencias de volumen que él mismo genera en su interior gracias al trasvase de aceite mineral entre dos compartimentos, lo que lo convierte en más o menos denso que el agua circundante», explica Carlos Barrera, de la Plataforma Oceánica de Canarias (PLOCAN). Este organismo, dedicado a la investigación del medio marino profundo, ha participado, junto con Puertos del Estado y la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, en la ejecución del proyecto, liderado por la universidad estadounidense de Rutgers. La finalidad de los gliders, que pueden sumergirse hasta los 1.000 metros de profundidad, es la observación oceánica, por lo que van equipados con sensores destinados a medir parámetros físico-químicos en la columna de agua. «El exitoso viaje del Scarlet Knight abre las puertas a la posibilidad de indagar, de forma autónoma y en tiempo real, variables que permiten entender mejor fenómenos como el cambio climático y sus efectos socioeconómicos vinculados», afirma Octavio Llinás, director de la PLOCAN. Nuevos gliders están ya en la parrilla de salida. —Eva van den Berg

Foto: Universidad de Rutgers