Los sentimientos verdaderos dejan huella en nuestro cuerpo

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22 de enero de 2013

La termografía es una técnica basada en la detección de la temperatura de los cuerpos que se aplica en multitud de áreas, como la industria, la estructura de edificios o la medicina. Ahora unos científicos de la Universidad de Granada la han utilizado en el ámbito de la psicología, en concreto para demostrar que mediante la termografía, así como con la imagen cerebral, se pueden evidenciar ciertos comportamientos o estados de ánimo humanos.

Si lo que afirman es cierto, en la imagen cerebral se aprecia la activación de la ínsula, una estructura de la corteza cerebral

El estudio ha observado la reacción de las personas cuando tienen que responder a preguntas relacionadas no con hechos sino con sentimientos o cualias (las cualidades subjetivas de las experiencias individuales). «Si el sentimiento que afirman tener es cierto, en la imagen cerebral se aprecia la activación de la ínsula, una estructura de la corteza cerebral situada entre el lóbulo parietal y el temporal que interviene en la detección y regulación de la temperatura corporal, y la termografía muestra un descenso en la temperatura de la nariz y de otras zonas corporales», dice Emilio Gómez Milán, coautor del estudio junto con Elvira Salazar López.

Para explicarlo de forma sencilla, los investigadores exponen unos ejemplos. Si un creyente «se encomienda a Dios», se le activa la ínsula y le baja la temperatura de la nariz; si lo hace un no creyente, no. Lo mismo sucedería con personas que afirman sinceramente sentir una alta empatía con otras, o con un experto en flamenco que siente la belleza de ese arte cuando ve a otras personas bailar. En caso de que mintieran, la falta de cualia se traduciría en que la imagen cerebral no presentaría activación significativa de la ínsula, y la termografía no mostraría ningún cambio aparente.

Este estudio ayudará a probar fácilmente cuándo alguien realmente siente lo que dice y cuándo dice lo que no siente. Para estos «mentirosos emocionales», el lenguaje de la filosofía neurológica tienen un nombre que es la bomba: zombis filosóficos. ¡Cuidado con ellos! –NGM-E

Foto: Emilio Gómez Milán y Elvira Salazar López