Los remolinos separan las aguas ricas y pobres en oxígeno

mareas

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9 de noviembre de 2015

“Si en el mar no hay paredes ni otras barreras evidentes, como sucede con las montañas en tierra firme, ¿cómo pueden mantener las zonas con poco oxígeno unas fronteras bien definidas y no mezclarse con otras masas de agua?” se preguntaba Cristóbal López, investigador del CSIC en el Instituto de Física Interdisciplinaria y Sistemas Complejos. La respuesta, según un nuevo estudio internacional con participación del CSIC publicado en la revista Nature Geoscience, es que los remolinos que se producen en las zonas de hipoxia en el mar (aquellas en las que el agua tiene un contenido muy bajo de oxígeno) actúan como paredes o barreras que impiden la entrada de oxígeno.

La investigación se ha llevado a cabo en una zona marina situada frente a las costas de Perú a una profundidad de entre 300 y 600 metros con poco oxígeno debido a la interacción de las mareas oceánicas y la acumulación de bacterias. Basándose en modelos numéricos matemáticos y analizando los datos con técnicas de la física del caos, el trabajo concluye que los remolinos mantienen separadas las aguas ricas y pobres en oxígeno.

La hipoxia no solo se produce de forma natural, sino que también puede surgir como consecuencia de la actividad humana. “Hay compuestos nitrogenados que se emplean como abonos y llegan al mar causando un gran crecimiento de las bacterias de zonas cercanas a la desembocadura de los ríos. Estas bacterias crecen muy rápidamente y consumen todo el oxígeno de su zona, sobre todo si son aguas quietas”, señala López. Algunos estudios indican que las zonas de hipoxia están aumentando su volumen, “principalmente por el incremento de la temperatura global, lo cual puede tener consecuencias negativas para la biodiversidad de los mares, ya que en estas regiones la mayoría de las especies marinas no pueden subsistir”, añade el investigador.

Las técnicas desarrolladas por los investigadores podrían ayudar a hacer un seguimiento de las zonas de hipoxia que, según advierte el estudio, es necesario para prever las consecuencias que pueden ocasionar estas regiones a largo plazo en cuestiones como la biodiversidad y la desaparición de especies.