Astronomía

La sonda espacial Rosetta se topa con muchísimas sorpresas

La nave europea informa de un terreno sorprendentemente irregular, polvoriento y árido en su nuevo hogar: el cometa 67P.

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En 2015 la sonda espacial Rosetta, de la Agencia Espacial Europea, seguirá capturando datos y tomando imágenes del cometa 67P/Churiumov-Gerasimenko, protagonista de esta imagen de mosaico tomada en enero.

Foto: NASA, ESA/ROSETTA/NAVCAM

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Las imágenes de la sonda orbital Rosetta muestran la variadísima superficie del cometa 67P, con áreas de terreno llano (A y C), estratos (B y E), estructuras circulares (D) y fracturas (F).

Foto: NASA, ESA/ROSETTA/VIRTIS/INAF-IAPS/OBS DE PARIS-LESIA/DLR

La nave europea informa de un terreno sorprendentemente irregular, polvoriento y árido en su nuevo hogar: el cometa 67P.

Por Michael D. Lemonick para National Geographic

El pasado mes de noviembre el módulo Philae, transportado por la sonda espacial Rosetta, aterrizó sobre la superficie de un cometa entre grandes dosis de teatralidad, especialmente cuando el módulo de aterrizaje rebotó dando un brinco de más de 800 metros de altura hasta posarse en «tierra» firme definitivamente… y quedarse sin energía casi al momento.
Pero la nave nodriza de Philae, la sonda Rosetta de la Agencia Espacial Europea, no solo sigue orbitando en torno al cometa 67P/Churiumov-Gerasimenko desde agosto, sino que también ha empezado a hacer aportaciones extraordinarias a la ciencia, como dejan claro los siete estudios que acaban de publicarse en la revista Science. Además, es la primera nave que viaja junto a un cometa en su trayecto más cercano al Sol, lo que permitirá a los investigadores estudiar por vez primera todos los detalles de ese fenómeno durante lo que queda de 2015.
Aunque el proyecto no ha hecho más que empezar, los científicos ya tienen enormes cantidades de información que digerir. «Si la comunidad científica buscaba sorpresas, con los últimos resultados han hecho pleno –dice Christopher Russell, planetólogo de la Universidad de California en Los Ángeles, ajeno al equipo de Rosetta–. Más de una teoría va a quedarse en agua de borrajas.»

Una de esas sorpresas, según afirma Nicolas Thomas, de la Universidad de Berna (Suiza) y autor principal de uno de esos siete artículos, es que la superficie del cometa 67P da la impresión de ser notablemente irregular. «Rosetta ha descabalado ese concepto», dice.«Hay superficies lisas que no sabemos cómo se formaron. Hay material quebradizo, deleznable. Hay material con aspecto de roca.» Hay incluso accidentes ondulados con aspecto de dunas de arena. «No creo que nadie hubiese imaginado nada semejante», añade Thomas.

La tesis convencional había sido que los gases de escape esculpen los cometas conforme se acercan al Sol, pero Thomas plantea una pregunta: «¿Es posible que tantos rasgos diferentes deriven de un proceso único?».
A día de hoy nadie lo sabe. Tampoco se sabe cómo adquirió su forma de patito de goma el cometa 67P, compuesto por un lóbulo mayor de unos 4 kilómetros de largo que se une por un «cuello» estrecho a otro lóbulo menor de unos 2,5 kilómetros. Es posible, dice Holger Sierks, del Instituto Max Planck de Investigación sobre el Sistema Solar (Alemania), firmante principal de otro de los artículos de Science, que el cometa se formase hace miles de millones de años por el choque de dos objetos más pequeños.



Esta animación muestra la trayectoria de la nave Rosetta a su llegada
al cometa 67P y su posterior puesta en órbita.
Fuente: ESA

«Pero también es posible –añade– que un cuerpo de más tamaño adquiriese esta morfología por procesos de erosión.» Si ulteriores observaciones identifican diferencias de composición y densidad entre los dos lóbulos, explica, la teoría de la colisión ganaría puntos, pero por el momento «solo vemos semejanzas».
Entre ellas, las superficies del cometa presentan cráteres de hasta 200 metros de ancho y 60 de hondo. Se supone que los creó la vaporización del hielo ocurrida en anteriores acercamientos del cometa al Sol. De hecho, las cámaras de Rosetta han grabado lo que parecen ser volutas de vapor saliendo de los cráteres, signo de que esa vaporización no ha concluido.

«Otra cosa fascinante –dice Sierks– es lo que nosotros denominamos la "carne de gallina" que recubre las paredes de esos cráteres.» Cada protuberancia mide cerca de un metro de ancho. Seguramente son los pedazos originales de la roca original de la que se formó el cometa 67P en los albores del sistema solar. «Es una nueva ventana –dice, hablando en sentido literal– a la cometología.»
Sierks también saca a colación una grieta de hasta un metro de ancho que prácticamente recorre toda la superficie del cuello. «Delata un estrés interno aliviado –dice–. Nos tiene intrigados.

Las revelaciones de Rosetta
Todas las revelaciones sobre la superficie del cometa proceden de dos de los siete artículos recién publicados. Los otros cinco dan cuenta de otros hallazgos intrigantes:

- La coma del 67P, la atmósfera efímera que surge conforme el cometa se calienta, no es uniforme; presenta composiciones químicas muy diferentes según la zona y varía significativamente con la rotación del cometa.
- El cometa ha comenzado a formar una magnetosfera, una especie de escudo electromagnético que desvía el viento solar (el flujo de partículas cargadas procedentes del Sol).
- El 67P está cubierto de compuestos oscuros y ricos en carbono, con muy poca agua helada en la superficie, otra sorpresa.
- La mayor parte del vapor de agua generado por hielos subterráneos del 67P provenía originalmente del «cuello» del cometa.
- La atmósfera del cometa contiene más polvo del que los científicos habrían esperado.
Si lo anterior parece más una lista de preguntas que de respuestas es porque lo es. «El equipo ha tenido tiempo suficiente para enumerar todos estos aspectos –dice Russell–, pero no para empezar siquiera a dilucidarlos.»
A lo largo del próximo año, sin embargo, mientras Rosetta continúa orbitando en torno al 67P y recogiendo datos, habrá tiempo y nuevas observaciones de sobra para empezar a postular explicaciones a lo que están viendo los científicos.

«Ahora mismo tenemos una foto fija –dice Thomas–. Y lo que queremos es ver la película. Queremos ver cómo evoluciona el cometa a medida que se aproxima al Sol, para verificar así nuestras hipótesis. Esa es la gran diferencia entre esta misión y las demás.»
Para los científicos sería fabuloso que el módulo Philae consiguiese despertar. Podría ocurrir si la rotación del cometa permite que los paneles solares de la sonda dejen de estar a la sombra y reciban sol directo. (Pese al optimismo de la ESA, Thomas lo ve bastante improbable.)

Pero incluso sin los datos que aportaría Philae, «la misión Rosetta ya ha sido un rotundo éxito», asegura Russell.