La sal de la tierra

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Cada día unas 2.000 hectáreas de tierra cultivable dejan de serlo por exceso de salinidad. Todos los terrenos son vulnerables por naturaleza al sodio y/o al cloruro de sodio que se acumula en el suelo. Un drenaje deficiente puede perpetuar el problema. Cuando la sal se acumula en torno a las raíces, a las plantas les cuesta más crecer. Según un estudio reciente, más de 62 millones de hectáreas de regadío –el equivalente a la superficie de Francia– ya no son cultivables.

La solución no está en manos de los agricultores, al menos según Manzoor Qadir, especialista en suelos e irrigación de la  Universidad de las Naciones Unidas, con sede en Japón. Son los Gobiernos, afirma, los que deben implantar drenajes a gran escala. A más corto plazo la solución quizá pase por las plantas en sí. Según las investigaciones, podría recurrirse a la ingeniería genética en cultivos como el trigo y el arroz para que estos adquieran características de otras plantas como las algas marinas, resistentes a la sal desde hace mucho tiempo gracias a la evolución.

 

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