La estela del cambio climático

cielo

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10 de febrero de 2015

Cuando el vapor de agua que expulsan los aviones entra en contacto con aire muy frío y húmedo, se congela. Eso crea unas estelas blancas que pueden llegar a formar tenues cirros capaces de alterar la meteorología. A veces reflejan el calor del sol antes de que este alcance la superficie terrestre, ejerciendo así un efecto de enfriamiento. Pero por lo general las estelas de condensación atrapan el calor y, según un estudio publicado en Environmental Research Letters, contribuyen más al calentamiento global que el CO2 emitido por los aviones.

La revisión de las rutas aéreas podría evitar esos efectos. En una ocasión, reorientando un vuelo transatlántico mediante un rodeo de 22 kilómetros, se impidió la formación de una estela de 100 kilómetros de largo y de la nubosidad que habría propiciado. Pese a las emisiones extra que supuso el rodeo, el vuelo generó menos calentamiento. De momento, es solo una posibilidad: «Los meteorólogos pueden predecir la formación de estelas –dice Emma Irvine, autora del estudio–, pero otra cosa es si esas predicciones aciertan hasta el punto de justificar el cambio de ruta».