Incendios simulados

Carolina del Sur, Estados Unidos

Carolina del Sur, Estados Unidos

Buscando los puntos débiles de una vivienda en caso de incendio.

Después de cuatro décadas estudiando incendios, Jack Cohen, del Servicio Forestal de Estados Unidos, ha llegado a la conclusión de que en un fuego descontrolado la principal amenaza para las casas no son los muros de llamas que arrasan barrios residenciales enteros, sino las propias viviendas -cómo están construidas, con qué materiales e incluso su ubicación en el paisaje- y su vulnerabilidad a las ascuas.

Cohen ha visto sucumbir ante el fuego miles de hogares, entre ellos algunos de los 5.500 calcinados por los incendios que arrasaron California en los años 2003 y 2007. Al año siguiente una agencia del Gobierno se comprometió a financiar el desarrollo de un software que permitirá a los propietarios e instituciones evaluar la vulnerabilidad de casas y otros edificios. Un paso vital para prevenir el desastre, asegura Cohen, y para demostrarlo se vale de una sorprendente herramienta: una casa a tamaño real que puede incendiarse, restaurarse con materiales diferentes y quemarse de nuevo.



Cohen está, nunca mejor dicho, jugando con fuego, pero con un objetivo. Las simulaciones se llevan a cabo en unas instalaciones que ocupan 35 hectáreas en una zona rural de Carolina del Sur. Allí, una asociación de 60 compañías aseguradoras recrea incendios naturales, huracanes y otras catástrofes similares a fin de analizar su efecto en los edificios y desarrollar planes de protección. «Es un laboratorio único –afirma Julie Rochman, presidenta y directora ejecutiva de la entidad–. Nuestra principal obsesión es el rigor científico.»

Los retos son enormes. Expertos forestales y bomberos dan fe de la exactitud científica de las simulaciones de incendios, aunque durante el proceso estallaron algunas máquinas que expelen las ascuas, y muchos conductos de metal acabaron retorcidos por el calor. Los 105 generadores de viento devoraban tanta energía que requirieron la instalación de una subestación eléctrica propia. Los ensayos, no obstante, han brindado información valiosa que ha quedado recogida en vídeos y fotografías.

Para localizar los puntos débiles de un edificio en caso de incendio, los 130 metros cuadrados de la casa-prototipo se bombardean con ascuas generadas al prender fuego a unos fardos de materia vegetal inflamable. La vivienda puede equiparse con diversos tipos de revestimiento, ventanas, canalones y cubiertas. Entre otras cosas, se ha descubierto que los canalones de vinilo se derriten al instante y que las brasas pueden entrar a través de rejillas de ventilación, las ventanas y los tejados. «Nos sorprendió comprobar lo rápido que sucede todo una vez que las brasas llegan al tejado –dice Rochman–. La vivienda prende en cuestión de segundos.»

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Ahí radica el mensaje que Cohen desea transmitir con ayuda del software basado en su investigación. «Cuando los incendios naturales arden con intensidad, producen millones de teas que azotan la casa como una tormenta de nieve –dice–, y la queman desde el interior.» El software ayudará a los usuarios a detectar las zonas más vulnerables. Mientras, en el laboratorio, otro experimento estudiará cómo el calor de una estructura en llamas puede inducir la combustión de una casa vecina. Y a continuación, el siguiente gran reto: crear la tormenta perfecta de granizo. —Luna Shyr