Patrimonio de la Humanidad, el futuro incierto de nuestro pasado

Factores como el deterioro medioambiental, las catástrofes naturales o la destrucción premeditada diezman el patrimonio natural y cultural de la Unesco.

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JTB-W507-001616A. Patrimonio de la humanidad

Patrimonio de la humanidad

TIMBUCTÚ, MALI

Sede de la universidad coránica de Sankoré y de varias madrazas, durante los siglos XV y XVI fue una de las capitales intelectuales y espirituales del islam, foco de propagación de esta religión en África. Las tres grandes mezquitas de Djingareyber (en la foto), Sankoré y Sidi Yahia son testigos de su esplendor. Pese a los continuos trabajos de restauración, estos monumentos se ven amenazados hoy por el avance del desierto y por los conflictos geopolíticos y religiosos en el Sahel.

Foto: JTB Photo / Age Fotostock

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BXHG5D. Patrimonio de la humanidad

Patrimonio de la humanidad

VENECIA, ITALIA

Construida en una laguna salada, la frágil Venecia forma parte de la Lista del Patrimonio Cultural desde 1987. La ciudad de los canales es una joya desde el punto de vista histórico, arquitectónico y artístico. Edificada sobre 118 islas conectadas por 400 puentes, se ve amenazada por la subida del nivel del mar, del que se la intenta proteger mediante un sofisticado sistema de 78 compuertas. Aun así, varias veces al año la acqua alta inunda la ciudad. Su futuro es incierto.

Foto: Jorge Fernández/Alamy/Aci

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SPL-C013-7364. Patrimonio de la humanidad

Patrimonio de la humanidad

LASCAUX, FRANCIA 

La afluencia de visitantes y los consecuentes cambios de temperatura y humedad pusieron en peligro el arte parietal paleolítico de numerosas cuevas, como la de Lascaux, en la Dordoña francesa, protegida por la Unesco. Desde hace algunas décadas, los expertos realizan réplicas de las pinturas rupestres, idénticas a las originales, para dar a conocer al público estas primeras obras de arte sin dañarlas.

Foto: Philippe Psaila / SPL / Age Fotostock

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HEMIS 0228428. Patrimonio de la humanidad

Patrimonio de la humanidad

CHICHÉN ITZÁ, MÉXICO

Ciudad sagrada y centro ceremonial de la civilización maya-tolteca, Chichén Itzá recibe miles de visitantes cada año. Sus monumentos de piedra, entre los que figuran el templo de los Guerreros, la pirámide escalonada llamada el Castillo y el observatorio circular conocido como el Caracol, han sido restaurados en varias ocasiones. Los arqueólogos siguen excavando el yacimiento.

Foto: Bruno Perousse / Hemis / Gtres

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HEMIS 2149472 copia. Patrimonio de la humanidad

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FUJIAN, CHINA

Un total de 46 tulou construidos entre los siglos xii y xx fueron inscritos en la Lista del Patrimonio en 2008. Estas casas de tierra de varias plantas, edificadas según un trazado circular o cuadrado en torno a un patio central, constituyen un ejemplo único de asentamiento humano basado en una vida comunitaria (podían albergar hasta
800 personas) y una organización defensiva, en armonía con el medio ambiente. Hoy el éxodo a las ciudades supone una amenaza para estos edificios.

Foto: Tuul y Bruno Morandi / Hemis /Gtres

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HEMIS 0210154. Patrimonio de la humanidad

Patrimonio de la humanidad

ATENAS, GRECIA

A los muchos problemas que la sociedad griega se enfrenta en la peor crisis económica de su historia reciente hay que añadir la falta de recursos para la conservación de un patrimonio histórico que, con el Partenón ateniense al frente, es un símbolo universal de la civilización occidental. Tras un siglo de largas intervenciones en la Acrópolis, hoy la contaminación atmosférica es su mayor amenaza.

Foto: René Mattes / Hemis / Gtres

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HEMIS 0008856. Patrimonio de la humanidad

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EL CAIRO, EGIPTO

El vasto legado artístico del Egipto faraónico ha contribuido a hacer del turismo la principal fuente de ingresos del país. Cuando en 2011 estalló la Primavera Árabe, algunas mafias expertas en contrabando de antigüedades aprovecharon el desconcierto para sacar ilegalmente cientos de piezas de enorme valor, algunas del mismo Museo Egipcio de El Cairo, donde se custodia el tesoro de Tutankamón.

Foto: Stefano Torrione / Hemis / Gtres

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PATRIMONIO AGOSTO.

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HEMIS 0041874. Patrimonio de la humanidad

Patrimonio de la humanidad

TENOCHTITLAN, MÉXICO
Tenochtitlan, antigua capital de los aztecas, fue arrasada por los conquistadores españoles en 1521. Sobre sus ruinas edificaron la Ciudad de México, una megalópolis en la que los restos de los antiguos templos precolombinos compiten con la arquitectura colonial y las construcciones modernas.

Foto: Bruno Barbier / Hemis/ Gtres

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HEMIS 0159350. Patrimonio de la humanidad

Patrimonio de la humanidad

ISLA DE PASCUA, CHILE
El Parque Nacional de Rapa Nui, nombre indígena de la isla de Pascua, es Patrimonio Mundial desde 1995. Cientos de moáis, esculturas megalíticas talladas hace siglos por los habitantes originales de esta isla del Pacífico, jalonan sus verdes colinas y abruptas costas. Preservar estas colosales estatuas humanas es mantener vivo el legado de aquel pueblo.

Foto: Bruno Barbier / Hemis/ Gtres

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DAE-10362905. Patrimonio de la humanidad

Patrimonio de la humanidad

CHAN CHAN, PERÚ
Chan Chan fue la capital del reino chimú, que alcanzó su apogeo en el siglo XV. La región andina es rica en sitios arqueológicos, muchos de los cuales son Patrimonio Mundial. Los arqueólogos siguen haciendo descubrimientos importantes, pero se enfrentan al problema generalizado del expolio por parte de los saqueadores, atraídos sobre todo por los ajuares funerarios ricos en oro.

Foto: G. Dagli Orti / Dea / Age Fotostock

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HEMIS 0647089. Patrimonio de la humanidad

Patrimonio de la humanidad

ROMA, ITALIA
El centro histórico de Roma, Patrimonio Mundial desde 1980, es un auténtico catálogo histórico, artístico y monumental de la historia de Europa desde la Antigüedad clásica hasta nuestros días. ¿Cómo garantizar su preservación? Autoridades públicas, expertos, organismos internacionales e instituciones privadas aúnan esfuerzos para hallar fórmulas de gestión y recursos, un gran desafío para la Ciudad Eterna. Italia es el país con más bienes culturales inscritos en la Lista del Patrimonio Mundial.

Foto: Patrice Hauser / Hemis/Gtres

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HEMIS 0642517. Patrimonio de la humanidad

Patrimonio de la humanidad

KATMANDÚ, NEPAL
El país del Himalaya sufrió en abril de 2015 su peor terremoto desde 1934. Con más de 7.000 víctimas y una crisis humanitaria sin precedentes, los cuantiosos daños del patrimonio arquitectónico incluyen la plaza Durbar con la torre Basantapur, la torre Dharahara, de nueve pisos, ambas en Katmandú, y el templo hinduista de Manakamana, en Gorkha.

Foto: Tuul y Bruno Morandi / Hemis/Gtres

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HEMIS 0443339. Patrimonio de la humanidad

Patrimonio de la humanidad

RANI KI VAV, INDIA
A orillas del mítico río Saraswati, en el estado indio de Gujarat, se construyó un gran pozo escalonado para captar y almacenar aguas subterráneas. El complejo arquitectónico y escultórico es una obra maestra del arte hinduista del siglo XI d.C.  Gracias a la tecnología digital y el escaneado láser, los expertos han recreado este monumento en tres dimensiones para salvarlo del olvido en caso de que en el futuro sufriera daños irreparables.

Foto: Francis Leroy / Hemis/Gtres

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HEMIS 0691785. Patrimonio de la humanidad

Patrimonio de la humanidad

DAMBULLA, SRI LANKA
El Templo de Oro de Dambulla, en la parte central de Sri Lanka, fue construido en el interior de un sistema de cuevas. Desde hace más de 20 siglos es un lugar de peregrinación para los budistas. Con cinco santuarios y pinturas murales de gran importancia, el complejo fue declarado Patrimonio Mundial en 1991. La guerra civil que sufrió el país entre 1983 y 2009 dejó el patrimonio artístico en un estado de casi total abandono. Después del final del conflicto, esta y otras joyas del arte de Sri Lanka vuelven a brillar.

Foto: Andrea Pistolesi / Hemis/Gtres

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EUB-20085009. Patrimonio de la humanidad

Patrimonio de la humanidad

BAMIYÁN, AFGANISTÁN
En marzo de 2001, dos estatuas de Buda de 55 y 36,50 metros de altura talladas en un acantilado rocoso hace más de 1.400 años fueron dinamitadas por los talibanes. En 2003 la Unesco declaró el paisaje cultural y los vestigios arqueológicos del valle de Bamiyán Patrimonio Mundial.

Foto: Eye Ubiquitous / Age fotostock

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F20-239046. Patrimonio de la humanidad

Patrimonio de la humanidad

NÍNIVE, IRAQ
Tres milenios de historia borrados de un plumazo. Ese fue el resultado de los atentados del Estado Islámico contra las estatuas del museo de Mosul, algunas procedentes de Hatra, y contra las ruinas de Nínive, la antigua capital del Imperio asirio. La Unesco ha reclamado un esfuerzo internacional en pro de la preservación del malogrado patrimonio iraquí.

Foto: Targa / Age Fotostock

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HEMIS 0305320. Patrimonio de la humanidad

Patrimonio de la humanidad

LEPTIS MAGNA, LIBIA
Libia alberga un valioso legado de su pasado griego y romano. La inestabilidad que acompañó el derrocamiento de Gadafi puso en jaque la conservación de ese patrimonio, y la amenaza se cierne aún ante la falta de estructuras de Estado en la convulsa situación actual.

Foto: Jacques Sierpinski / Hemis/Gtres

2 de octubre de 2015

Hace más de dos mil años, caravanas procedentes de Oriente cargadas de perfumes, especias y seda cruzaban una y otra vez las calzadas de Palmira. El activo comercio de tan exóticas manufacturas convirtió aquella ciudad del desierto de Siria en una de las más florecientes del Imperio romano.

También en una de las más bellas. Pero el paso del tiempo, los sucesivos saqueos y terremotos, la decadencia y el abandono final la sumieron en el olvido. Habría que esperar al siglo XX para que distintos equipos de arqueólogos empezaran a excavar sus vestigios y desvelaran al mundo la importancia de aquel antiguo punto de encuentro de las caravanas de la Ruta de la Seda. En 1980, la Unesco, máxima autoridad internacional en materia de preservación del patrimonio cultural, incluyó el oasis de Palmira, al nordeste de Damasco, en la Lista del Patrimonio Mundial «por albergar las ruinas monumentales de una gran ciudad que fue uno de los centros culturales más importantes de la Antigüedad. Sometida a la influencia de diversas civilizaciones, la arquitectura y las artes de Palmira fusionaron en los siglos I y II d.C. las técnicas grecorromanas con las tradiciones artísticas autóctonas y persas».

Desde entonces, los templos, las avenidas co­­lumnadas, el teatro y el ágora de Palmira desper­taron la admiración de quienes la visitaron, hasta que en marzo de 2011 estalló la cruenta guerra civil que sigue ocasionando miles de víctimas humanas y daños irreparables en el rico patrimo­nio de este país. El centro histórico de Alepo, con sus bazares y caravasares, fue pasto de los devastadores bombardeos. La destrucción afectó también a Homs, Bosra, barrios de Damasco y las milenarias ciudades del norte del país vinculadas a las culturas mesopotámicas. Hoy, al cierre de esta edición, el avance de los yihadis­tas sunníes del Estado Islámico (EI), cuyos combatientes tomaron recientemente Palmira, ponen en jaque la pervivencia de la antigua ciudad del desierto sirio, mientras la comunidad internacional, con la Unesco al frente, no cesa en sus esfuerzos di­­plomáticos por salvarla.

Este es el objetivo que persigue la Unesco cada vez que incluye un monumento, yacimiento arqueológico, núcleo histórico, paisaje cultural, obra de arte o archivo significativo en su Lista del Patrimonio Mundial: asegurar la perdurabilidad de nuestro legado y entregarlo a las futuras generaciones en las mejores condiciones posibles.

Son muchos los factores que amenazan ese patrimonio, desde el inexorable paso del tiempo o las catástrofes naturales, frecuentes e imprevi­sibles, hasta los de origen humano que han llevado a la destrucción de joyas irreemplazables. El expolio, la contaminación, el exceso de urbanización y la falta de recursos son algunos de ellos. Pero, por desgracia, la destrucción premeditada causada por las guerras y otros conflictos es también moneda corriente en nuestros días. Ataques de terroristas han borrado de la faz del planeta vestigios de culturas juzgadas antagónicas a sus credos. Como sucedió en marzo de 2001, cuando el gobierno islamista de los talibanes dinamitó en el corazón de Afganistán los dos colosales budas esculpidos en la roca de Bamiyán, después de varios días disparando a las estatuas. La Unesco incluyó de manera simbólica el sitio en su Lista dos años después por tratarse de «un exponente de las creaciones artísticas y religiosas de la antigua Bactria entre los siglos I y XIII, en las que confluyeron distintas influencias culturales que desembocaron en la eclosión de la escuela de arte búdico de Gandhara».

Desde entonces y hasta el momento presente, el Consejo Internacional de Monumentos y Sitios (ICOMOS), una asociación no gubernamental vinculada a la Unesco y ubicada en París, trabaja por recomponer a partir de fragmentos las dos monumentales estatuas. Un empeño que se suma al que lleva a cabo en Alemania la Universidad de Aquisgrán, donde los expertos intentan una reconstrucción virtual de los budas en 3D.
En otro brutal ataque, perpetrado en febrero de este año en el Museo de la Civilización de Mosul, en Iraq, el EI destrozó a martillazos estatuas asirias, atentando contra su patrimonio milenario. Un acto salvaje que la Unesco calificó como «tragedia cultural» y que originó la puesta en marcha del llamado Proyecto Mosul, una muestra de que la humanidad a veces también es capaz de organizarse por un bien común. La iniciativa movilizó a través de internet a cientos de miles de voluntarios con un fin: recolectar la mayor cantidad posible de imágenes de las piezas destruidas para poder hacer una réplica tridimensional de las mismas. Un paso previo a una futura reconstrucción in situ, cuando las condiciones lo permitan.

A lo largo de su existencia, la Unesco ha concluido con éxito muchas historias. Hoy son nu­­merosos los bienes culturales que han emergido de un deterioro ambiental generalizado y muestran su antiguo esplendor tras unas labores de restauración ingentes. Es el caso de los templos de Angkor, en la selva de Camboya, joya del Sudeste Asiático y legado del antiguo Imperio jemer; declarado por la Unesco en grave peligro en 1993, Angkor fue excluido de la «lista negra» en 2004 gracias a un riguroso programa de salvaguarda. O el del casco histórico de la ciudad croata de Dubrovnik, la Perla del Adriático, inscrito en la Lista del Patrimonio Mundial en Pe­­ligro el mismo año en que estalló el conflicto armado, en 1991, y restaurado entre 1993 y 1998.

Otras historias con final feliz han requerido, más que profundas intervenciones, largas negociaciones diplomáticas. Por ejemplo, las relativas a las pirámides de Gizeh, que en 1995 estuvieron a punto de ser rodeadas por una autopista cuya construcción acabó por desestimarse. O la del yacimiento arqueológico de Delfos, en Grecia, amenazado en 1987 por la construcción de una planta de aluminio que finalmente se instaló lejos de este célebre oráculo de Apolo.

Pero… ¿cómo se hace para incluir un sitio en la Lista del Patrimonio Mundial? El primer paso es lograr que a ese lugar se le reconozca un valor universal excepcional. Una vez refrendada esta cualidad, los países que proponen una nueva candidatura deben lograr que esta cumpla, al menos, uno de los seis criterios de selección establecidos por la Unesco: el primero, que represente una obra maestra del genio creativo humano; el segundo, que haya sido la cuna de un intercambio de valores humanos a lo largo del tiempo; el tercer criterio, que el sitio aporte un testimonio único de una tradición o civilización existente o desaparecida; el cuarto, que las construcciones elegidas sean ilustrativas de una etapa significativa de la historia humana; el quinto, que los asentamientos humanos sean representativos de una cultura, y el sexto y último, que el sitio esté asociado a una tradición viva destacada.

Aspirantes no faltan: la riqueza cultural del planeta, diversa y maravillosa, es tan inmensa que la Lista elaborada por el Comité del Patrimonio Mundial aumenta cada año. En 2014 fueron inscritos en el catálogo 21 nuevos bienes culturales. Entre ellos, las edificaciones otomanas de la ciudad turca de Bursa; la Ciudadela de Erbil, en Iraq; los yacimientos precolombinos del delta del Diquís, en Costa Rica; el Gran Canal de China, y la antigua factoría Van Nelle de Rotterdam, en los Países Bajos, considerada un icono de la arquitectura industrial del siglo XX. Para decidir las medidas de conservación necesarias y aceptar nuevas candidaturas, el Comité del Patrimonio Mundial se reúne una o más veces al año en distintas capitales del mundo. La última reunión del Comité, celebrada en Bonn del pasado 28 de junio al 8 de julio, ha incorporado al elenco, entre otros bienes, los Caminos de Santiago del Norte Peninsular. Y recordó una vez más que, aparte de ser un deber moral para con nuestros descendientes, la conservación del patrimonio es fuente de bienestar social y un bien de altísimo valor económico, genera puestos de trabajo y nos vincula a nuestro pasado que, como dijo Shakespeare, no es más que el prólogo del devenir.

Conocer el pasado es la única forma de entender el presente y diseñar el futuro: quien olvida el punto de partida, pierde fácilmente de vista su meta. No hay duda de que si alguna vez logramos consensuar hacia dónde queremos dirigirnos, será después de comprender la historia de cada una de las obras que componen este Patrimonio. Saber o no apreciarlas en lo que valen definirá a la humanidad del futuro.