ENERGÍA

El largo camino del ITER

La fusión nuclear como fuente de energía

Iter

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26 de julio de 2010

En el marco de un mundo enfrentado a una crisis energética y a los efectos del calentamiento global, no parece descabellada la fuerte apuesta que siete socios internacionales están realizado para conseguir una fuente de energía barata, poco contaminante y prácticamente inagotable. Nos referimos al ITER (International Thermonuclear Experimental Reactor), un reactor experimental en forma de Donut (basado en la tecnología rusa conocida con el nombre de tokamak) que se está construyendo en la ciudad francesa de Caradache, muy cerca de Marsella, y en cuyo proyecto participan la Unión Europea, Estados Unidos, Japón, Corea del Sur, India, China y Rusia.

La edición española de National Geographic tuvo la oportunidad de visitar recientemente los terrenos donde el ITER tomará forma (28 metros de diámetro, 29 de altura y unas 23.000 toneladas de peso) para demostrar que la obtención de energía a partir de la fusión nuclear es posible desde un punto de vista científico y tecnológico. De hecho, el reactor británico JET ya lo probó hace unos años, aunque sólo consiguió un pico de 16 megavatios durante apenas un segundo. El ITER, en cambio, pretende alcanzar una producción de 500 megavatios (el equivalente a lo que genera una planta eléctrica media) a partir de una energía suministrada de 50 megavatios, y deberá prolongar el tiempo de fusión hasta 500 segundos para que sea viable conectar un reactor de este tipo a la red comercial. Este ambicioso proyecto costará 10.000 millones de euros, que se invertirán a lo largo de 40 años, y culminará con la construcción del reactor DEMO, donde se harán las pruebas definitivas. Una fuerte apuesta, sin duda alguna, que, de cumplir las expectativas, abriría las puertas a una nueva planificación energética.

La fusión nuclear consiste en reproducir lo que de manera natural sucede constantemente en el seno de las estrellas, como el Sol. En el astro rey se fusionan átomos de forma permanente, produciendo una energía descomunal. Allí la temperatura media es de unos 12 millones de grados y las fuerzas gravitacionales son 28 veces menores que en nuestro planeta. Para conseguir lo mismo aquí en la Tierra, la temperatura que debe alcanzarse en el reactor tiene que superar los 100 millones de grados. La explicación teórica es sencilla: se introducen átomos de deuterio y de tritio en el reactor y se provoca su fusión tras conseguir esa elevada temperatura. ¿Por qué deuterio y tritio? En primer lugar porque son átomos ligeros, con menor carga de repulsión y, por lo tanto, más fáciles de fusionar. Y en segundo lugar porque son fáciles de conseguir. El deuterio es un elemento que se encuentra en todos los océanos del mundo en grandes cantidades: es abundante y barato. Por el contrario, el tritio no existe en la naturaleza; es un elemento radioactivo con una vida media de 12 años, y por lo tanto no permanece en el medio lo suficiente como para acumularse. “El tritio se consigue al bombardear litio, también muy abundante y barato, con los neutrones resultantes de la fusión. Así pues, el plan es revestir las paredes del reactor con litio para que el tritio se genere por sí sólo”, dice Aris Apollonatos, portavoz de Fusion for Energy (F4E), la organización de la UE que gestiona la contribución europea en el proyecto ITER.

¿Generará residuos una planta de fusión nuclear? Sí, los generará, pero en cantidades mínimas y su vida será corta. Como dice el español Carlos Alejaldre, uno de los seis subdirectores de este ambicioso proyecto, “en energía no hay una solución sencilla ni única. Pero creemos que la fusión podría ser una fuente barata, prácticamente inagotable, segura y medioambientalmente aceptable para el futuro”. Ojalá sea así. –Eva van den Berg

Fotos: Fusion for energy

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