Editorial: El color del infinito

Junio de 2015

editorial junio

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5 de junio de 2015

El Hubble es nuestro ojo en el firmamento. Fue diseñado para observar todo cuanto se extiende por la bóveda celeste y más allá, desde planetas cercanos hasta las más lejanas galaxias, y para hallar respuestas a las preguntas esenciales sobre el universo. Entre las imágenes más populares obtenidas por el telescopio espacial lanzado conjuntamente por la NASA y la ESA en 1990 y que este año cumple su 25º aniversario se encuentran las de la nebulosa del Águila, una región del medio interestelar situada a más de 7.000 años luz de la Tierra. Allí se hallan los llamados «Pilares de la Creación» (izquierda), una zona bautizada con este nombre porque en ella nacen y mueren estrellas. Con la apariencia de una criatura alada salida de un relato fantástico, que intenta mantener el equilibrio sobre un etéreo pedestal, este objeto es en realidad una torre ascendente de gas frío y polvo emergiendo de la nebulosa, en la que las estrellas cobran vida entre nubes de hidrógeno líquido.
«A veces me pregunto por qué las imágenes del Hubble cautivan la imaginación del público –afirma Zoltan Levay, director del equipo de imagen del Instituto Científico del Telescopio Espacial (STScI), de la NASA–. Y creo que su verdadera fuerza se percibe en cuanto uno empieza a comprender qué es lo que está viendo, su magnitud.»
Levay ha seleccionado para National Geographic sus diez imágenes favoritas de entre las miles que ha procesado en el laboratorio. Porque conviene recordar que las imágenes que obtienen las cámaras del Hubble son en blanco y negro (para así optimizar la investigación de los astrónomos). Ahí empieza el trabajo de Zoltan y su equipo: reconstruir los colores automáticamente mediante el uso de filtros que captan las  iferentes luminosidades de cada elemento presente en la zona o en el objeto celeste fotografiado. «Todos los elementos terrestres están representados en el espacio –dice Zoltan–. Hay hidrógeno, hay oxígeno, hay azufre. Y podemos estudiarlos a partir de la luz que obtenemos de ellos.»
¿Magia? No, ciencia en estado puro. Es probable que algunos de esos destellos de la nebulosa del Águila que nos muestra el Hubble pertenezcan a estrellas que ya no existen, que murieron hace miles de millones de años, tal vez billones, aunque su luz todavía perdure en su viaje hacia nosotros a través del espacio y el tiempo. El Hubble es un ojo en el universo que todo lo observa, hasta el resplandor de algo que fue y ha dejado de ser.