Destino Marte

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La última misión de la NASA a Marte pretende descubrir la atmósfera extinguida del planeta rojo. El pasado 18 de noviembre partía hacia ese destino la nave MAVEN (Misión de la Evolución Atmosférica y Volátil de Marte), un proyecto de diez meses de duración y 671 millones de dólares destinado a explorar el planeta más parecido a la Tierra, donde algunos confían que aún haya vida.
La MAVEN es una sonda orbital, no un todoterreno (en estos momentos la agencia espacial americana ya tiene dos vehículos exploradores sobre el planeta rojo, el Opportunity y el Curiosity). Su función será orbitar a unos 170 kilómetros de la superficie marciana y orientar sus instrumentos hacia la atmósfera superior. El objetivo es averiguar a qué ritmo acaba el viento solar con el agua y el dióxido de carbono, los dos gases más importantes para comprender el pasado de la atmósfera.
En otro tiempo Marte tuvo una atmósfera cálida y húmeda. La misión de la MAVEN es redescubrir qué condiciones hicieron entonces posible la existencia de lagos, ríos y mares que dejaron huella en la superficie del planeta hace miles de millones de años.
La atmósfera de Marte es muy fina, más de cien veces más delgada que la de la Tierra a nivel del mar. Su gas principal (un 95 % de la atmósfera del planeta rojo) es el dióxido de carbono, un gas de efecto invernadero que cuando formaba una capa gruesa sobre Marte actuaba probablemente como una capa aislante que contribuía a mantener esos ríos y mares que desaparecieron hace tanto tiempo.  —Dan Vergano