Cómo los cetáceos evitan a las orcas

El secreto consiste en ajustar la velocidad con las frecuencias de sus sonidos de comunicación

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Asesinos ancestrales

Asesinos ancestrales

Las orcas, también conocidas como ballenas asesinas, han sido temidas y reverenciadas a lo largo de la historia del mundo.

Foto: AP / Elaine Thompson, File

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Madre e hijo

Madre e hijo

Esta foto tomada desde un dron muestra una orca hembra adulta que está a punto de aventurarse con su cría en mar abierto.

Foto: AP / NOAA Fisheries / Vancouver Aquarium

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Seguimiento

Seguimiento

Un transmisor de seguimiento vía satélite es visible en la aleta dorsal de este grupo de orcas residentes del la isla de San Juan.

Foto: AP

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La obsesión de las orcas. En formación

En formación

Un trío de orcas nadan paralelamente en las aguas de la isla de San Juan, en la costa noroccidental de Estados Unidos

Foto: AP / Elaine Thompson

Eva van den Berg

25 de junio de 2014

Cuando un animal emite un sonido y se desplaza al mismo tiempo, genera un cambio de frecuencia de onda conocido como efecto Doppler que puede ser detectado por posibles depredadores. Un estudio de la Universidad de Extremadura ha investigado mediante modelos matemáticos cómo este efecto puede ser minimizado por ciertas especies de cetáceos, que tratan de zafarse del ataque de las orcas.

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Según el coordinador de la investigación, Daniel Patón, profesor de la Universidad de Extremadura, «las orcas son auténticas centrales de escucha del sonido, ya que su oído detecta un enorme intervalo de frecuencias: desde infrasonidos por debajo de 200 Hz hasta sonidos superiores a 20.000 Hz. Cualquier variación en las múltiples frecuencias de sonido que hay en el mar les advierte de la presencia de un animal. Por eso, los cetáceos intentan minimizar su detección por parte de las orcas y los tiburones a base de adaptar su señal a la velocidad a la que se desplacen en ese momento».

A partir del análisis matemático de las llamadas de ecolocalización de 69 especies de cetáceos, los investigadores han buscado un patrón común en la gran variabilidad de comunicación de estas especies, que constituyen sin duda el grupo animal de mayor complejidad acústica que existe. El modelo matemático ha sido realizado teniendo en cuenta la temperatura del agua y su salinidad, así como la profundidad a la que nadan los cetáceos, su velocidad de natación y la frecuencia fundamental de sus emisiones acústicas.

Los datos mejorarán la detección de cetáceos, y podrían ser aplicados para evitar las colisiones de estos con los barcos

Los investigadores han descubierto que la mayoría de las especies mantiene baja la frecuencia de onda de su movimiento y que solo 15 de ellas tienen un efecto Doppler alto. En estos casos, se trata de animales que cuentan con otras estratagemas. Por ejemplo, las ballenas hocicudas o los zifios permanecen completamente mudos por encima de los 200 metros de profundidad, que es el área de caza de las orcas. Y otras especies son más veloces que las temibles ballenas asesinas. Los datos que aporte este estudio mejorarán la detección de cetáceos, y podrían ser aplicados para evitar las colisiones de estos con los barcos.