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29 de diciembre de 2014

Las turbulencias pueden convertir algunos vuelos en una pesadilla. En febrero un vuelo de United Airlines entró en una zona tan movida que un bebé salió despedido (aunque indemne), una mujer abolló el techo con la cabeza y cinco pasajeros acabaron en el hospital. Debido al cambio climático, los fenómenos meteorológicos extremos que causan las turbulencias «podrían hacerse más frecuentes o más intensos», según un estudio de la Agencia para la Protección del Medio Ambiente de Estados Unidos.
«Los planes de vuelo evitan las regiones en las que se sabe que hay turbulencias severas, pero estas zonas son móviles, y es difícil predecir dónde van a producirse», dice Sanjiva Lele, del Centro Stanford-NASA para la Investigación de Turbulencias. Ya se han empezado a tomar medidas: hace unos meses una línea aérea estadounidense incorporó detectores que se valen de un radar especial para predecir el nivel y la localización de las turbulencias.