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26 de agosto de 2014

Según investigaciones recientes, la mayoría de los pelirrojos no experimenta el dolor del mismo modo que el resto de la población. Su color de pelo responde a una mutación en el gen MC1R (receptor de la melanocortina tipo 1), que «podría activar de forma involuntaria» en el cerebro receptores similares que procesan la ansiedad y el dolor, según afirma Anthony G. Doufas, miembro del Outcomes Research Consortium de la Universidad de California en San Francisco, el centro de investigación sobre anestesia clínica más importante del mundo.
Los datos clínicos registrados desde hace algún tiempo parecen indicar que los pelirrojos son más difíciles de anestesiar.
Al desarrollar esta hipótesis, el consorcio descubrió que estos necesitaban un 19 % más de gas en una anestesia general. También parecen ser más sensibles al dolor térmico y más resistentes a la anestesia local. No es extraño, pues, que, tal y como recoge la publicación oficial de la Asociación Odontológica de Estados Unidos, los pelirrojos se muestren «el doble de reticentes» a sentarse en la silla del dentista.  —Eve Conant