Una pieza de ámbar contiene la cola emplumada de un dinosaurio

Alec Forssmann

11 de diciembre de 2016

Un fósil adquirido en un mercado de Birmania encierra un trozo de cola de dinosaurio, con sus huesos y plumas, que quedó atrapado en resina hace 99 millones de años

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Un estudio divulgado el jueves en Current Biology revela el hallazgo de una cola de dinosaurio, con sus huesos, carne, piel y plumas, atrapada en una piedra de ámbar de unos 99 millones de años de antigüedad, de mediados del Cretácico. El extraordinario fósil fue descubierto en 2015 por Lida Xing, la autora del artículo, en un mercado en Myitkyina, en Birmania (o Myanmar), según informa la Universidad de Bristol, que también participa en el estudio. La pieza estaba en venta como una joya o curiosidad con una especie de planta en su interior, pero Xing reconoció su importancia científica y recomendó su compra al Instituto de Paleontología Dexu, en China.

La inclusión en ámbar consiste en un pequeño fragmento, de unos 3,6 centímetros, de la cola emplumada de un celurosaurio joven que probablemente era incapaz de volar. Algunos terópodos avanzados como este tuvieron plumas y el estudio destaca que "en el contexto del origen de los pájaros, las plumas y la capacidad de volar fueron esenciales para la supervivencia del clado". El trozo de cola de dinosaurio quedó atrapado en la resina, junto con una hormiga y restos vegetales, probablemente tras la muerte del dinosaurio. "El material conservado está formado por una cola de un dinosaurio joven con ocho vértebras rodeadas de plumas, visibles en 3D y con precisión microscópica", explica Ryan McKellar, coautor del estudio.

El trozo de cola perteneció a un celurosaurio joven que probablemente no podía volar

La observación detalla de la pieza a través del microscopio y la tomografía computarizada demuestra que la cola tenía un color castaño en la parte superior y un color blanco o pálido en la parte inferior. Las vértebras de la cola no estaban fusionadas en una sola osificación, como ocurre con el pigóstilo de las aves modernas, y las delicadas plumas carecían de un raquis (el eje central) bien desarrollado, por lo que "sin duda pertenecían a un dinosaurio y no a un pájaro prehistórico", según McKellar. Por otro lado, el análisis químico del fósil ha permitido detectar rastros de hierro ferroso en el tejido blando alrededor de los huesos, un vestigio de la hemoglobina que también quedó atrapada en la pieza.