10 de noviembre: Día Mundial de la Ciencia para la Paz y el Desarrollo

El futuro, el desarrollo sostenible y el bienestar social pasan por un desarrollo adecuado de la ciencia

10 de noviembre de 2016

La Conferencia General de la UNESCO en su Resolución 31C/20 decidió en en 2001, proclamar el día 10 de noviembre como Día Mundial de la Ciencia para la Paz y el Desarrollo. Desde entonces, llegada la fecha tiene lugar un evento anual celebrado en todo el mundo para recordar el compromiso asumido en la Conferencia Mundial sobre la Ciencia celebrada en Budapest en 1999 bajo el auspicio de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) y el Consejo Internacional de Uniones Científicas (CIUC).

Entre sus propósitos, se encuentra la renovación de un compromiso, tanto nacional como internacional, que en pro de la ciencia la paz y el desarrollo se vea reflejado en una utilización responsable de la ciencia en beneficio de las sociedades y la seguridad humana. Cada año, el Día Mundial de la Ciencia para la Paz y el Desarrollo es una oportunidad para mostrar la importancia de la ciencia en nuestra vida diaria y alimentar el debate sobre las cuestiones científicas, tratando a su vez de cerrar la brecha existente entre ciencia y sociedad.

La participación de los ciudadanos en la gobernanza es un pilar básico de la democracia y un prerrequisito indispensable para el empoderamiento de la población

Este 2016, la celebración rinde homenaje a los centros y los museos científicos por su importante contribución a la divulgación de la ciencia.

La participación de los ciudadanos en la gobernanza es un pilar básico de la democracia y un prerrequisito indispensable para el empoderamiento de la población, siendo la divulgación científica fundamental para promover la participación ciudadana. En este sentido, la función que desempeñan los centros y los museos científicos va más allá de la mera transmisión de información científica. Se trata de lugares abiertos al público, donde los visitantes pueden aprender acerca de los misterios del mundo que nos rodea. Promueven la creatividad, divulgan el conocimiento científico, ayudan a los maestros a motivar e inspirar a los alumnos de ciencia, mejoran la calidad de la educación científica y fomentan la enseñanza dentro de un contexto social.

Los museos contribuyen, además, a modificar posibles percepciones negativas sobre las repercusiones de la ciencia en la sociedad, atrayendo así a los jóvenes a las profesiones científicas y animándolos a experimentar, a ampliar nuestro conocimiento colectivo, y a crear en definitiva una sociedad mejor informada; una sociedad mejor.

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