¿Cuál será la dieta del futuro? La clave está en la genética

Es posible que en un futuro no muy lejano, nuestro genoma determine la dieta que más nos conviene para mejorar la salud y prevenir enfermedades

Foto: Gtres

Héctor Rodríguez

14 de junio de 2017

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Antes del inicio de la revolución neolítica, hace unos 10.000 años, en la dieta de las poblaciones europeas de cazadores-recolectores la carne tenía un papel predominante. Sin embargo, tras el advenimiento de la agricultura en el sur de Europa hace alrededor de unos 8.000 años y a consecuencia de una gran modificación en el estilo de vida, la dieta de los europeos cambió hacia una alimentación menos variada y con predominancia de verduras y cereales.

Ahora, el estudio publicado recientemente por la Universidad Cornell, en Nueva York, es el primero en separar y comparar las adaptaciones genéticas que tuvieron lugar antes y después de la revolución del neolítico, lo que revela que este cambio en la dieta quedó reflejado en el código genético de los europeos. Tal y como se describe en el mismo, estos dieron lugar a una serie de adaptaciones genéticas condicionadas por la alimentación.

Así, Alon Keinan, profesor de genética computacional y de poblaciones, y autor principal del artículo declara firmemente que “el estudio demuestra como la dieta ha sido un factor de peso en la evolución de las poblaciones humanas”.

Médicos y nutricionistas podrán ajustar la dieta de cada persona a su genoma en aras de mejorar la salud o prevenir ciertas enfermedades

El presente trabajo podría tener grandes implicaciones para el desarrollo de un joven y emergente campo dentro de la genómica nutricional conocido como nutrigenómica, y que estudia las relaciones e interacción y existentes entre genética y nutrición. Del mismo se obtiene, según afirman sus autores, que en el futuro, y en base a los resultados de un estudio genético, médicos y nutricionistas podrán ajustar la dieta de cada persona a su genoma en aras de mejorar la salud o prevenir ciertas enfermedades.

De este modo, la investigación muestra que el cambio hacia una dieta menos variada y con mayor presencia de alimentos vegetales, motivó una mayor frecuencia en la expresión de algunos de los genes que codifican las células para producir las enzimas que ayudaron a los antiguos europeos a metabolizar las plantas.

A su vez, el aumento de esta frecuencia produjo como resultado de la selección natural -ya que aquellos individuos mejor adaptados a una dieta vegetal tenían una salud que les permitían tener más hijos- que esta variante genética fuera asentándose en la posterior descendencia durante generaciones.

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Concretamente el gen encontrado y estudiado en estos agricultores vegetarianos recibe el nombre de gen FADS1. Este es el encargado de programar a las células para producir las enzimas implicadas en la asimilación o biosíntesis de los ácidos grasos Omega-3 y Omega-6 (LCPUFA). Los LCPUFAs son cruciales para el desarrollo apropiado del cerebro humano, además de jugar un importante papel en el control de las inflamaciones y en las respuestas del sistema inmunitario del organismo.

Mientras que el Omega-3 y el Omega-6 pueden obtenerse directa y fácilmente en dietas carnívoras, cuantitativamente están mucho menos presentes en las dietas basadas en vegetales. Y de este modo, una dieta vegetariana requiere un número más elevado de estas enzimas codificadas por el gen FADS1 para asimilar en cantidad suficiente los tan necesarios ácidos grasos Omega-3 y 6, presentes en raíces, hortalizas y semillas.

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El análisis del ADN llevado a cabo en la investigación reveló que antes de la llegada de la agricultura, en los cazadores-recolectores europeos se veía favorecida la predominancia de la versión antagónica del gen FADS1, lo que limitaba la actividad de las enzimas que metabolizan los ácidos Omega-3 y 6, ajustándose a una dieta mayormente carnívora. Sin embargo, el análisis de las frecuencias de estos alelos (cada una de las formas alternativas en las que se puede expresar un gen) en europeos, mostró que tras producirse la revolución neolítica, la presencia del gen FADS1 aumentó bruscamente en las poblaciones de agricultores.

Todo ello tiene implicaciones directas en nuestra alimentación en la actualidad, y aunque la nutrigenómica está dando sus primeros pasos, Kaixiong Ye, investigador postdoctoral en el laboratorio de Keinan y director principal de la investigación, declara que los futuros estudios en la disciplina estarán enfocados a establecer los vínculos existentes entre la variabilidad genética, las dietas y la salud. "En el futuro las recomendaciones dietéticas estarán personalizadas y basadas en nuestro código genético individual”, concluye.