Una vida a pie del volcán

Desde 1997, Olivier Grunewald ha fotografiado erupciones en todo el mundo. "Para mí representan una fuente de inspiración constante", declara

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14 Olivier Grunewald. Volcán Nyiragongo, República Democrática del Congo

Volcán Nyiragongo, República Democrática del Congo

Olivier Grunewald, cámara en mano, frente a una colada de lava ardiente en el volcán Nyiragongo, República Democrática del Congo, que ha fotografiado en varias ocasiones.

 

Foto: Fabien Cruchon

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15 IS01 VO01 EYA 0028. Volcán Eyjafjallajökull, Islandia

Volcán Eyjafjallajökull, Islandia

La erupción del volcán islandés Eyjafjallajökull en abril de 2010 arrojó a la atmósfera una nube de ceniza volcánica de varios kilómetros que se extendió por Europa y provocó el cierre de aeropuertos y la cancelación de cerca de 20.000 vuelos. 

Olivier Grunewald

Foto: Olivier Grunewald

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16 O.Grunewald Volcanoesjpg.  Volcán Estrómboli, Italia

Volcán Estrómboli, Italia

Más al sur, el Estrómboli, en la isla homónima que forma parte de las Eolias, frente a la costa occidental italiana, ofrece a diario explosiones intermitentes de fuego y lava.

Olivier Grunewald

Foto: Olivier Grunewald

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18 O.Grunewald. Volcán Tolbachik en la península rusa de Kamchatka, Rusia

Volcán Tolbachik en la península rusa de Kamchatka, Rusia

En enero de 2013 Grunewald fotografió el Tolbachik, en la península rusa de Kamchatka, un volcán donde se han descrito por vez primera diversos minerales y que forma parte del inmenso arco volcánico del Cinturón de Fuego del Pacífico, que se extiende por tres continentes y al que pertenece también el Kawah Ijen. 

Olivier Grunewald

Foto: Olivier Grunewald

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19 O.Grunewald 30 nuits. Sobre el cinturón de fuego

Sobre el cinturón de fuego

El fotógrafo, con la máscara bien ajustada, en pleno trabajo en el lago de cráter del volcán indonesio.

Olivier Grunewald

Foto: Olivier Grunewald

1 de julio de 2014

Olivier Grunewald hizo su primera incursión en el universo volcánico en 1997, cuando viajó a Italia para fotografiar el Etna y el Estrómboli. Tras estudiar fotografía comercial en París, en 1986 apostó por un cambio y durante años viajó para colgarse por acantilados de todo el planeta con el objetivo de fotografiar, desde el otro extremo de la cuerda, el descenso de escaladores de alto nivel. Más tarde compró una cámara de gran formato y se dedicó a captar la esencia del paisaje del Oeste norteamericano. Allí, en comunión con esos horizontes, descubrió que la fotografía era la excusa perfecta para sumergirse en la Tierra más primigenia.

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«En esos parajes me siento en armonía. Son una fuente de inspiración», dice Grunewald, quien participa en el proyecto Wild Wonders of Europe con sus imágenes de volcanes del Viejo Continente. «Me fascinan los volcanes activos porque me recuerdan siempre que existen fuerzas en la naturaleza que los humanos no podemos controlar.» Y trabajar en ellos no es fácil. «El calor es la limitación principal. Voy con varias capas de ropa que me aíslan de las altísimas temperaturas y uso una máscara para protegerme de los gases tóxicos.

En alguna ocasión he utilizado un traje especial para poder acercarme al máximo, pero pesa mucho y es muy incómodo.» Es esencial mantenerse a favor del viento. Si sopla en contra, es imposible hacer una sola foto y el calor resulta insoportable. «Siempre llevo la cámara protegida entre la ropa, pero así y todo, a menudo los gases ácidos dañan alguna lente. Son gajes del oficio.»

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Con una treintena de experiencias volcánicas a cuestas, Grunewald es hoy uno de los fotógrafos más prestigiosos en su especialidad. Su obra, galardonada cuatro veces en el certamen World Press Photo, se ha publicado en los medios internacionales más reconocidos. Ahora, junto al operador de cámara Régis Etienne, ha realizado su primer documental, en el que muestra la cara más desconocida del Kawah Ijen.

Website: Olivier Grunewald