Editorial

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Por Chris Johns, director de National Geographic Magazine

editorial02abril 2012

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23 de marzo de 2012

Atrapado en la nieve

Dicen que a la tercera va la vencida, pero enfrentarse al K2, el segundo pico más alto del mundo después del Everest, no es tarea fácil. Por algo lo llaman «la montaña salvaje». El fotógrafo Tommy Heinrich conoció ese carácter indomable en sus dos primeras ascensiones. En el primer intento, en 1999, un compañero se mató camino del Campo I. Otro perdió la vida en la segunda tentativa, en 2010. Después de estas fatalidades, Gerlinde Kaltenbrunner y Ralf Dujmovits, dos de los escaladores del equipo de 2010, invitaron a Tommy a regresar con ellos al K2. La propuesta le halagó, pero también le invadió la preocupación. «Salí de Argentina, mi hogar, con la sensación de que había una probabilidad muy alta de que alguno de nosotros, quizá yo mismo, no regresara.» Tenía motivos para angustiarse. Durante la ascensión vio cómo dos avalanchas barrían el camino ante sus pies. La tercera, más peligrosa, lo dejó cabeza abajo con la nariz y la boca llenas de nieve.

«La cuerda fija, tensa como la de un violonchelo, lo salvó de caer al vacío –escribe Chip Brown en el número de este mes–. Consiguió salir a la superficie, pero el deslizamiento había vuelto a rellenar el camino abierto, y finalmente también él acabó por dar media vuelta.»

Tommy no sabía si seguir adelante o regresar. Había llegado lejos y sabía que probablemente nunca tendría otra oportunidad. «Llamé a Liam, mi hijo de siete años –dice–. Sabía que hablar con él me ayudaría a tomar una decisión a la que me resistía: descender.» Gerlinde hizo cumbre junto a otros tres alpinistas. Se convirtió en la primera mujer del mundo en escalar todos los ochomiles sin oxígeno suplementario ni porteadores. Todos bajaron sanos y salvos, Tommy por tercera vez. Con las fotos en la mano, volvió a casa junto a Liam.