Editorial: El viaje continúa

editorial_diciembre2014

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Diciembre de 2014

Los hombres nunca piden indicaciones para llegar a un lugar. Por lo menos los que yo conozco. Paul Salopek es la excepción que confirma la regla: en su largo viaje –siete años, 34.000 kilómetros, 30 millones de pasos– Paul es un hombre dispuesto a preguntar para alcanzar su destino.
«Quiero mezclarme con las culturas locales», me dijo hace poco, mientras recorríamos una zona remota, tórrida y polvorienta del sur de Turquía, justo al norte de la frontera con Siria. Pedir una dirección, preguntar por un lugar, entiende él, no sirve únicamente para llegar donde quieres, sino que además da pie a revelaciones más profundas. «Da a las personas a quienes preguntas la oportunidad de hablarte de su ciudad, de su historia. Ellos saben más de lo que tú podrás saber jamás.»
Compartir relatos sustanciosos y contextualizados es precisamente su objetivo. Paul ha emprendido una andadura en solitario (con la única excepción de una mínima comitiva de guías, camellos, mulas y algún acompañante esporádico) que recrea el camino seguido por los primeros humanos hace 60.000 años, desde el yacimiento de Herto Bouri en Etiopía hasta la Tierra del Fuego, en el extremo más austral de América del Sur, el último confín de los continentes colonizados por nuestros ancestros. En esta era en que las noticias se diseminan por todo el planeta a la velocidad de la luz, el empeño de Paul Salopek por cultivar lo que él denomina «reporterismo pausado» constituye un notable experimento periodístico para unos tiempos vertiginosos.
Paul, con la compañía intermitente del fotógrafo John Stanmeyer, documenta su viaje con rumbo fijo hacia el este en las páginas de la Geographic, incluyendo su paso por Tierra Santa recogido en el número de este mes, y nos pone al día de su periplo con nuevos textos, fotografías propias, vídeos y archivos de audio que publica regularmente en la página web outofedenwalk.nationalgeographic.com. En el camino se topa con refugiados paupérrimos que huyen de las guerras, peregrinos acaudalados en busca de la salvación, gente de negocios, nómadas, granjeros…
Salopek se detiene para pedir indicaciones, para hablar, para escuchar, para sintetizar la información. Y después de todo eso se sienta a escribir. Cuando leas este texto, él llevará en camino casi dos años, destilando lo mejor de las formas más antigua y más moderna de narrar. «Muchas veces, en esta caminata larga, lenta, inverosímil, me viene a la mente el éxtasis de san Agustín –dice–: ¡Tarde te amé, belleza, tan antigua y tan nueva!»
Es un honor acompañar a Paul en esta empresa épica.