Editorial: Después de la avalancha

Noviembre de 2014

editorial noviembre 2014

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7 de diciembre de 2014

La mañana del 18 de abril un grupo de sherpas y otros montañeros nepalíes empezaron a cruzar la cascada de hielo del Khumbu, un inestable laberinto de grietas y bloques de hielo que constituye el tramo más peligroso entre la base y la cima del monte Everest. Trescientos metros más arriba, un glaciar suspendido que se calcula podría pesar hasta 14 millones de kilos crujió, se movió y se precipitó montaña abajo. El alud dejó 16 muertos, cuyos cuerpos quedaron sepultados por enormes bloques de hielo, y decenas de heridos. Fue la peor catástrofe en la historia del alpinismo en el pico más alto del planeta.
En «Horas tristes en la cima del mundo», Chip Brown, quien recorrió las aldeas sherpas del Everest junto al fotógrafo Aaron Huey a lo largo del año pasado, relata la historia de la tragedia y evalúa la dimensión de la misma por el número de huérfanos que dejó tras de sí –28–, la suspensión de la temporada de escalada y, quizás, un cambio definitivo en el modo de hacer las cosas en el Everest. «Hablamos de un colectivo profesional idealizado y, hasta cierto punto, explotado –dice Brown de los sherpas, quienes llevan más de un siglo asistiendo a alpinistas extranjeros–. Pero la magnitud de este accidente impide que se sigan ignorando los defectos del sistema.»
Huey, profundamente conmovido por el desastre, ayudó a organizar una recaudación de fondos para los sherpas vendiendo imágenes del Himalaya tomadas por él mismo y otros 12 colegas. Se recaudaron más de 360.000 euros.
El reportaje de este mes representa el capítulo más reciente de nuestra cobertura de la catástrofe, iniciada en la página web de la Sociedad la misma mañana en que se produjo el alud. Con ayuda del periodista Mark Jenkins, experto en el Everest, se publicó una serie constantemente actualizada de artículos, mapas, fotos y vídeos que atrajeron el interés de más de un millón de lectores.
Nos habría gustado no tener que publicar este reportaje en la revista, pero constituye una reflexión importante, conmovedora y escrita con conocimiento de causa sobre la peligrosidad de la cascada de hielo del Khumbu, auténtica ratonera casi siempre para los trabajadores sherpas; sobre el negocio turístico que supone el Everest para el Gobierno de Nepal, y sobre la cuestión laboral del pueblo sherpa, víctima de la última tragedia en la montaña y cuyas consecuencias aún no han dejado de sentirse.