Una expedición científica por un desierto de hielo y sobre un trineo eólico

El explorador Ramón Larramendi lo hará de nuevo. El próximo 15 de mayo partirá hacia su nueva aventura: un recorrido triangular de unos 2.000 kilómetros por Groenlandia a bordo de un trineo impulsado por el viento

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Expedición Cumbre de Hielo Groenlandia 2016

Expedición Cumbre de Hielo Groenlandia 2016

La expedición podrá seguirse en directo sobre el mapa y a través de un cuaderno de bitácora que los participantes iniciarán desde el primer día del viaje para seguir paso a paso la aventura de exploración y ciencia.

Foto: Tierras Polares

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Ramón Larramendi

Ramón Larramendi

Ramón Hernando Larramendi es, sin duda, uno de los grandes exploradores polares del mundo. En la actualidad, reparte su residencia entre Groenlandia y España. Desde muy joven se sintió atraído por la aventura en los territorios polares, donde fue por primera vez con apenas 20 años. El primer gran hito de Larramendi llegó con la Expedición Circumpolar Mapfre, en la que entre 1990 y 1993 viajó desde Groenlandia hasta Alaska.  El explorador recorrió 14.000 kilómetros utilizando solamente trineo de perros y kayak. 

Foto: Tierras Polares

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Fridtjof Wedel-Jarlsberg Nansen

Fridtjof Wedel-Jarlsberg Nansen

Los primeros antecedentes del trineo de viento de Larramendi se remontan a finales del siglo XIX, en los inicios de la exploración polar. El primero en intentar aprovechar la fuerza del viento para transportar peso fue el noruego Fridtjof Wedel-Jarlsberg Nansen, que en 1888 lideró la primera travesía por el interior de Groenlandia. Entre 1893 y 1896 Nansen intentó llegar al Polo Norte, y aunque no lo logró, aquel viaje sirvió para sentar los fundamentos de lo que sería la exploración polar durante el siglo XX. Nansen ideó la estrategia de situar suministros durante el recorrido y mejoró con técnicas esquimales el vestuario. Imitando a los inuit fue el primero usar esquís y trineos tirados por perros o personas. Además instaló el primer mástil al tradicional vehículo esquimal.

 

Foto: Nasjonalbiblioteket

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Veleros de hielo

Veleros de hielo

A lo largo de todo el siglo XX se continuó intentando mejorar los trineos. Los exploradores sabían que debían aprovechar la geografía llana del interior de los territorios polares y los fuertes vientos para convertirlos en una especie de pseudo-barcos, por lo que desde comienzos de la década de los 70 hubo varios proyectos para convertir los trineos en pequeños veleros de hielo. Con ello no sólo se adquirió velocidad, sino que también se hacía innecesario llevar perros, evitando problemas con los animales y el sobrepeso que suponía su alimentación. 

Foto: Tierras Polares

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El trineo de Larramendi: Octavo prototipo

El trineo de Larramendi: Octavo prototipo

Larramendi lleva muchos años trabajando e innovando en la mejora de su trineo. El octavo prototipo se diseña para su segunda travesía en la Antártida (2011- 2012). Es en este momento que se prueba el concepto de convoy con dos módulos, lo que permite llevar una carga mayor y amplía sus posibilidades como vehículo científico: cada unidad es más corta, pero el conjunto tiene una mayor longitud.

Foto: Tierras Polares

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El trineo de Larramendi: noveno prototipo

El trineo de Larramendi: noveno prototipo

El noveno prototipo, se utilizó la última expedición a Groenlandia en 2014. Una de sus innovaciones,  atendiendo a su objetivo último, consistió en rebajar el peso del vehículo para que pudiera cargar con más material científico. Expertos en diseño testaron nuevos materiales más resistentes, flexibles y menos pesados para los travesaños. Con un total de 9 metros de largo por 2,80 de ancho, este prototipo constaba por primera vez de tres módulos. 

Foto: Tierras Polares

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La décima versión de "Trineo de Viento". La décima versión del trineo

La décima versión del trineo

Trineo de Viento se compone de cuatro unidades o módulos independientes: Un modulo locomotora, dos módulos de carga o solares y en cola la tienda de habitabilidad. La base, bautizada como “Trineo Larramendi,” mide 12 metros de largo por 3,30 metros de ancho. Cada uno de los módulos tiene cinco rieles de madera de arce laminada, con un total de  260 travesaños. El vehículo pesa algo menos de 450 kilos, pero arrastrará 2.000 kilos de carga, en los que hay que incluir a los seis los miembros de la tripulación en cada fase, el material necesario para su supervivencia durante más de 30 días, así como el equipo científico y las muestras que serán recogidas.

Foto: Tierras Polares

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La décima versión del trineo

La décima versión del trineo

La estructura va atada con cuerdas y un total de 1.200 nudos, lo que le proporciona flexibilidad y resistencia frente a las irregularidades del hielo. Asimismo, permite a este prototipo dividirse en dos partes de dos módulos cada una cuando las condiciones del hielo así lo precisan. Las 15 cometas que utiliza el Trineo de Viento miden entre 5 y 80 metros cuadrados y son del modelo NPW5. Se enlazan al trineo por cuatro tipos de líneas de 150, 300 y 500 metros de longitud, que se utilizan dependiendo de la fuerza y dirección del viento en altura. Todas llevan refuerzos de kevlar y han sido especialmente diseñadas para arrastrar el vehículo.

Foto: Tierras Polares

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Módulo locomotora

Módulo locomotora

El módulo locomotora, de 3,5  metros de largo, es el lugar desde el que se pilota, siempre con tres personas al mismo tiempo. En este prototipo no lleva ventanas transparentes. Es allí donde se encuentran los mandos y las poleas enlazadas con las líneas (cuerdas) a las cometas. En su interior se sitúa una tienda para aumentar el confort de los pilotos, que va instalada en un soporte de madera y que aumenta su estabilidad. Ese espacio también se utilizará para trabajar, para lo cual llevará en su interior un espacio diferenciado con mobiliario.

Foto: Tierras Polares

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Los módulos de carga

Los módulos de carga

Los dos módulos solares o de carga son los que se destinarán a la alimentación, instrumentación científica, la obtención de energía o la recogida de muestras, 2045 kilos en total. Sobre ambos módulos se situarán tres placas solares para el suministro de energía a los equipos científicos y de comunicación con un total de 3 metros cuadrados de superficie.

Foto: Tierras Polares

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Módulo de habitabilidad

Módulo de habitabilidad

Con 4,5 metros de largo, el módulo habitabilidad se sitúa sobre una gran tienda de campaña especialmente diseñada para el trineo que se utiliza como habitación y zona de descanso de la tripulación. Tiene un sistema especial de barras de aluminio rígido que se coloca como refuerzo cuando el viento supera los 70 km/h.  Cuenta con ventanas que permiten la entrada de los rayos solares, generando efecto invernadero que proporciona calefacción durante todo el día.

 

Foto: Tierras Polares

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Las bases científicas españolas en los polos

Las bases científicas españolas en los polos

España cuenta en estos momentos con dos base científicas en la Antártida: la Juan Carlos I, en la Isla de Livingston desde 1988, y la Gabriel de Castilla, desde 1989 en la Isla Decepción, ambas en las cercanías de la Península Antártica. La importancia del Trineo de Viento está en que supone una alternativa económica para que los científicos españoles puedan seguir trabajando en los círculos polares e incluso puedan viajar al corazón del continente para realizar sus trabajos de investigación sin que la inversión sea muy alta. El vehículo es fácilmente transportable en el modelo de avión que viaja los polos.

Foto: Tierras Polares

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Viento en popa

Viento en popa

Ramón Larramendi: “En ocasiones la gente nos pregunta si podemos ir muy rápido pero de hecho, nuestra principal preocupación es no ir demasiado rápido. El problema es precisamente como controlar esta energía y aprovecharla adecuadamente ya que en realidad nos sobra. Esto nos demuestra el increíble potencial que tiene la energía eólica”.

Foto: Tierras Polares

El explorador Ramón Larramendi lo hará de nuevo. El próximo 15 de mayo partirá hacia su nueva aventura: un recorrido triangular de unos 2.000 kilómetros por Groenlandia a bordo de un trineo impulsado por el viento

Existe un lugar que desde hace más de medio siglo clama y reta al espíritu de los hombres más atrevidos y aventureros del mundo. Hombres valientes sin duda, que en ocasiones, en su afán de aventura, fueron tachados de locos, y algunos de los cuales perecieron en la exploración de un mundo duro, frío y extremo. Un hábitat de hielo casi desolado. Un lugar habitado por seres de níveos pelajes que se confunden con el paisaje y donde la vida se abre paso a duras penas.

Se trata de uno de los rincones más inexplorados, desconocidos y hostiles de la superficie terrestre. También el más septentrional. Albos e inmaculados paisajes en los que reina una aparente desolación que, aún dotados de una inherente belleza prístina, pueden llegar a destilar aprehensión. En el círculo polar Ártico casi todo es blanco, monótono, o al menos para el común de los mortales.

Han pasado más de 500 años desde que en 1472, a las ordenes de Christian I de Dinamarca, la expedición danesa liderada por Didrik Pining y Hans Pothorst llegara aparentemente a las costas de Groenlandia dando a conocer el continente ártico a los europeos modernos.

A día de hoy, en el siglo XXI, el polo Norte sigue siendo un gran desconocido. Ahora es el español Ramón Larramendi y su equipo quienes tienen en su poder el testigo de la exploración polar. Nos embarcamos con ellos hacia el destino de su próxima aventura, la isla más grande del hemisferio norte.

Kalaallit Nunaat, una tierra inexplorada

La isla de Groenlandia se sitúa en zona nororiental de América del Norte entre los paralelos 59N y 84N y entre los océanos Atlántico y Glacial Ártico. La superficie de la isla está cubierta en un 84 % de hielo, constituyendo por extensión la segunda mayor superficie helada del planeta. De hecho, por ello su población se concentra principalmente en la costa quedando el interior de la isla prácticamente deshabitado.

En su corazón, helado e inhóspito, el frio es extremo y las temperaturas pueden descender de los -45ºC

Kalaallit Nunaat, que es como denominan a la isla los groenlandeses, no es un lugar demasiado acogedor. En su corazón, helado e inhóspito, el frio es extremo y las temperaturas pueden descender de los -45ºC.El inlandsis, es decir, la capa de hielo o desierto polar, en ocasiones sembrado de grietas que pueden llegar a conforman profundas fosas, abarca una superficie de aproximadamente 1.800.000 km2. Estas grietas junto a los campos de sastrugis (formaciones producidas en el hielo la acción del viento y que dan al paisaje el aspecto de un gran de paraje helado de olas congeladas que pueden alcanzar hasta un metro de altura) son solo algunos de los obstáculos que tendrán que salvar los expedicionarios en su aventura.

Itinerario de una expedición científica

La “Expedición Cumbre de Hielo Groenlandia 2016”, no es una simple aventura normal. No es tan solo un viaje en el se ponen a prueba una vez más la capacidades del hombre ante las vicisitudes de la naturaleza. Huelga decir que se trata de todo un desafío geográfico y técnico, pero es que además, este viaje supone un nuevo hito para la exploración científica polar.

Por primera vez en la historia un vehículo movido por energías renovables logrará, salvando un desnivel de unos 2.000 metros de altitud, remontar hasta una cota de 3.205 metros sin necesidad de combustibles fósiles; un vehículo completamente ecológico inspirado en los trineos usados históricamente por las tribus inuit. Mientras tanto la tripulación realizará diferentes experimentos científicos relacionados con la evaluación del cambio climático.

Una expedición con total autonomía, sin necesidad de apoyo motorizado por tierra o aire

La expedición en la que participarán nueve personas tiene estipulado un itinerario de unos 2.000 kilómetros sobre el hielo. Partiendo desde la costa suroeste de la isla, se adentrarán en dirección nordeste en el continente durante unos 800 kilómetros hasta alcanzar la base científica estadounidense Summit Camp. Desde allí recorrerán otros 800 kilómetros hasta la costa este. Una vez a la altura de la ciudad de Isortoq y tras un relevo parcial de la tripulación del trineo, remontarán la última etapa, dirigiéndose en línea recta hacia el punto de partida inicial. Todo ello, calculan los expedicionarios, en un lapso de tiempo de unos 32 días durante los cuales recogerán muestras para diversas investigaciones. Sin embargo en muchas ocasiones el éxito o fracaso de una expedición depende de la capacidad de saber adelantarse a los imprevistos, siendo este año la ruta especialmente susceptible de ser modificada debido al adelanto del deshielo del inlandsis y la formación de lagos y ríos debido al aumento de las temperaturas.

Nunca antes se había llevado a cabo una empresa de estas características: una expedición con total autonomía, sin necesidad de apoyo motorizado por tierra o aire y que proporciona a su vez la posibilidad de recoger datos a lo largo de miles de kilómetros antes inexplorados desde la ciencia.

La ciencia en el hielo

Durante la Expedición Cumbre de Hielo Groenlandia 2016 se desarrollarán tres proyectos científicos que ayudarán a conocer los efectos del cambio climático en el Ártico y en los que participan el Instituto Pirenaico de Ecología, la Universidad de Alcalá de Henares y la Universidad Autónoma de Madrid.

El primero de los objetos de estudio contempla los procesos de deglaciación generados por el calentamiento global y que están provocando la afloración de superficies continentales cubiertas de hielo durante miles de años. Estas zonas yermas son, precisamente, las más susceptibles de ser colonizadas por organismos arrastrados por el viento y de albergar potencialmente nuevas comunidades biológicas. En este sentido, el primero de los estudios contemplados consiste en establecer la capacidad de dispersión y colonización de estos organismos aeronavegantes mediante colectores de propágulos instalados en el Trineo de Viento, para posteriormente proceder al estudio de los mismos.

En la expedición se llevaran a cabo varios estudios sobre biología, climatología, radiología y astrofísica

También los expedicionarios contarán a bordo con una estación meteorológica a fin de registrar los datos de temperatura y humedad durante todo el recorrido. Estos servirán para validar los modelos climáticos actuales, así como para arrojar luz sobre la incertidumbre en las proyecciones del cambio climático durante las próximas décadas y su relación con el incremento de la concentración de gases de efecto invernadero.

Además, se tomarán muestras de nieve a distintas profundidades para analizar su composición isotópica, lo cual proporcionará información sobre los procesos de acumulación de nieve en el inlandsis aún poco conocidos.

Por otro lado, en las regiones polares el campo magnético terrestre es más débil y los rayos cósmicos, -núcleos atómicos acelerados en las estrellas-, pueden penetrar más profundamente en nuestra atmósfera, llegando a producir aumentos observables en la radiación natural a nivel del suelo. En este sentido, un tercer objetivo científico de la expedición es la elaboración de una cartografía de la radiación natural registrada en el entorno. El análisis de estas variaciones permite estudiar diferentes aspectos de la actividad solar y sus efectos para el entorno terrestre.

Para ello el trineo lleva incorporado en su equipo un dosímetro autónomo para entornos criosféricos (CRIO), un detector dedicado a la observación de la radiación ambiental y el flujo de rayos cósmicos. El detector está integrado por dos contadores Geiger-Müller con diferentes blindajes para medir tanto radiación de baja como de media energía, es decir la radiación ambiental y cósmica respectivamente.

Cometas para un trineo eólico español

El proyecto “Trineo de viento” es una iniciativa única en el mundo y que puede situar a España a la vanguardia de la investigación científica en los casquetes polares. De entre los medios de transporte jamás construidos a este fin, se trata del vehículo menos contaminante y con más capacidad de carga destinado a la exploración del Ártico y la Antártida. Con mas de 16 años de desarrollo y continuas mejoras cuenta a sus espaldas con cerca de 20.000 kilómetros recorridos en más de 7 expediciones polares.

Traccionado por 15 cometas de entre 5 y 80 metros, pueda moverse con vientos que van desde los 6 a los 60 km/h

Tal y como explica Ramón Larramendi líder de la expedición: "el trineo navega por un mar de irregularidades y por ello deber ser flexible para no romperse”. Por ello los materiales usados en su construcción son madera y cuerda. Cuenta además con un diseño sencillo por lo que en caso de sufrir daños no presenta grandes requisitos técnicos para ser reparado

Traccionado por 15 cometas distintas de entre 5 y 80 metros, su versatilidad permite que pueda moverse con vientos que van desde los 6 a los 60 kilómetros por hora. Todas las cometas llevan refuerzos de kevlar y han sido diseñadas para arrastrar el vehículo. Para gobernar este laboratorio ambulante de cuatro módulos independientes, son necesarios 2 pilotos simultáneamente por lo que la tripulación ha de estar formada por, al menos, tres personas que se repartan el pilotaje por turnos.

Pocos cabos quedan ya por atar. Los 1.200 nudos de las cuerdas que dan flexibilidad y resistencia a sus estructuras están a punto. También está solucionado quien se queda con los turnos de noche pues, como es costumbre en los polos, o al menos durante 6 meses al año, la expedición española contará con 24 horas diarias de sol. 24 horas durante 32 días. 32 días para más de 2.000 kilómetros de nieve y viento. Nosotros les esperamos a su regreso. Desde aquí, solo nos queda desearle mucha suerte a Larramendi y a los suyos.