La Provenza es el país de los sentidos: la vista queda enseguida desbordada por las parcelas de flores, olivos y viñas; por el reflejo del sol sobre la piedra blanca de los Alpilles o las fachadas ocres que doran las calles de Aix-en-Provence, por la ensoñación medieval de las murallas de Aviñón y el ancho Ródano bajo su célebre puente, o los vestigios romanos junto a la deliciosa Saint-Rémy
Para conocer la Provenza hace falta completarla con el aroma a lavanda y a jabón vegetal de los mercados, el gusto del vino afrutado o la sinfonía de texturas y aromas que una tradición de paisajismo elabora en jardines y parques. No es casualidad que Cézanne y Van Gogh, dos genios del arte moderno obsesionados con el color y la luz, eligieran la Provenza como refugio y tema de sus obras. El viaje empieza por Aviñón: qué mejor punto de partida que esta ciudad marcada por la sabia elección de los papas para pasar sin ninguna privación su exilio de Roma.
RUTA POR EL SUR DE FRANCIA
1 Aviñón
El Palacio de los Papas, la catedral de Notre-Dame y el puente de St-Bénezet son sus visitas principales.