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Viaje a la Toscana

De Pisa a Siena, el corazón de la Toscana

Contenido del artículo

La Italia de los poetas y del Renacimiento surge a lo largo de esta ruta por el valle del Chianti

Por Juana Salabert, ViajesNG nº148

Ningún otro lugar en el mundo ha llegado a suscitar tan rendida admiración como esta comarca del norte de Italia, de armoniosas ciudades antaño rivales, colinas de vides y olivos dispuestos como jardines a la vera de cipreses cortavientos. Patria del Renacimiento y cuna de la lengua italiana –a través de Dante Alighieri, Petrarca y Bocaccio–, la humanista Toscana lleva siglos cautivando a viajeros de medio planeta. Y también enfermándolos del mal más sugerente, si nos atenemos al llamado síndrome de Stendhal o «vértigo ante la belleza». Florencia, la magnífica capital toscana, no eclipsa sin embargo al resto de una región monumental, que ha sabido preservar sus ciudades medievales y esos inacabables campos fértiles que decoran el fondo de las pinturas de Leonardo da Vinci (siglo XV), uno de sus hijos más geniales.

El recorrido que mejor muestra el paisaje toscano arranca en Pisa, poseedora del mayor aeropuerto regional y mundialmente conocida por su torre inclinada, construida en 1173 sobre suelo arenoso y reabierta al público en 2001 tras una labor que aseguró sus cimientos y frenó su inclinación. Esta ciudad a orillas del Arno fue república independiente desde el siglo IX hasta que, excomulgada en 1241, fue derrotada en 1406 por una Florencia seguidora del papado.

Un milagro de mármol

Andar por el espléndido casco histórico de Pisa descubre museos como el Nazionale de San Matteo, que alberga esculturas de Donatello y de los hermanos Nicola y Giovanni Pisano, un cuadro de Fra Angélico y pinturas de la escuela toscana. Aunque su gran tesoro es la plaza dei Miracoli, en cuyo blanco conjunto sobre césped se integran la torre, la catedral románica de mármoles policromos, el baptisterio gótico y el claustral camposanto medieval; los frescos de este último, el Triunfo de la Muerte, inspiraron la música de Franz Liszt a mediados del siglo XIX. Resulta emocionante ascender a lo alto de la torre, de ocho plantas y con columnas de Carrara, donde el pisano Galileo Galilei (1564-1642) dejó caer objetos para probar su teoría de la relatividad. Luego habrá que entrar en la catedral para admirar los paneles de bronce del Portale y el púlpito de Giovanni Pisano, y visitar el Museo dell’Opera del Duomo.

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