Los rincones donde late el corazón de la capital irlandesa
Por Patricia Tubella, ViajesNG nº 146
El carácter abierto de los irlandeses se manifiesta con generosidad en su capital. Dublín, una ciudad tan diversa en atracciones como accesible para el visitante ávido por descubrir sus barrios y recorrer la sucesión de puentes sobre el río Liffey, que la divide en dos mitades.Depositaria del legado cultural de Irlanda, prolífica en museos y en edificios históricos, la capital despliega además una vasta oferta de ocio, comercio y cultura por el entramado de sus calles y plazas de perfil georgiano.Y todo situado a distancias más que razonables entre sí, jalonadas por pubs centenarios que siguen cultivando la tradición musical del pueblo celta, junto a la perenne afición de los dublineses por una pinta de cerveza. Como añadidura, el modesto tamaño de Irlanda no se corresponde con las dimensiones de su acervo literario, del que Dublín es el epicentro.
Trinity College
Dublín, cuna de James Joyce (1882-1941), uno de los autores más influyentes del siglo XX, debe gran parte de su tradición literaria al Trinity College. Ahí estudiaron escritores coetáneos de Joyce, como George Bernard Shaw y Samuel Beckett, ambos dublineses y premiados con el Nobel. Esta universidad, una de las decanas del mundo anglosajón, fundada por la reina Isabel I el año 1592, es una visita ineludible por su condición de joya histórica y arquitectónica, insertada además en el corazón turístico de la capital. Dentro del recinto se puede ver la curiosa mezcla de los jóvenes estudiantes enrolados en sus cursos académicos y los turistas que buscan ante todo la biblioteca.
La sobria fachada del Trinity College está coronada por un reloj azul brillante que simboliza el tiempo antiguo y el moderno. Una vez dentro del recinto hay que cruzar los parterres cuadrados de césped para llegar a la Biblioteca Antigua, depositaria de más de 200.000 manuscritos. Su sala principal, la Long Room, de 645 metros de punta a punta, encierra tesoros como el Libro de Kells, una de las copias de los Evangelios mejor preservadas del mundo, que fue escrita en el siglo IX; o el arpa Brian Boru, la más antigua que se conserva en Irlanda, del siglo XIV. Fuera ya de la biblioteca, es fácil perderse por el Trinity College contemplando otros edificios del siglo XVIII y XIX que enmarcan su perímetro o el Campanile del porche central.