Fortalezas medievales y viñas que producen sabrosos vinos acompañan esta ruta.
Por Juana Salabert, VIAJES NG147 (Junio)
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El tramo del Rin entre Coblenza y Maguncia, capital de Renania-Palatinado, recorre el valle más legendario de Alemania. Estos escasos ochenta kilómetros en el corazón del antiguo Sacro Imperio Germánico discurren entre meandros y desfiladeros, culminados por una treintena de castillos y punteados por pueblos rodeados de viñas escalonadas que enamoraron a los románticos alemanes, franceses y británicos. De hecho, el recorrido se conoce popularmente como Rin Romántico y se ha convertido en un destino muy popular, tanto en barco como en coche.
La ciudad de Coblenza y el castillo (schloss) Stolzenfels son la primera etapa de este viaje. Fundada por el emperador Tiberio, Coblenza marca el lugar de encuentro entre el Rin y el Mosela. Adentrarse en el casco histórico de Coblenza, reconstruido tras la Segunda Guerra Mundial, invita a dar un paseo por la historia de Europa. Del siglo XII al XVIII, cuando perteneció a los obispos de Tréveris, la ciudad se llenó de edificios y templos, como la iglesia románica de St Castor, con su delicioso jardín Blumenhof, o como el dieciochesco palacio de los Príncipes Electores. Conviene visitar su torre gótica, Deutscher Kaiser, el único edificio que salió totalmente indemne de la última contienda mundial y cuyo primer piso es hoy una hostería. Agosto es especialmente interesante para visitar Coblenza, pues el segundo sábado de ese mes tiene lugar el festival de fuegos artificiales Rhein in flammen (Rin en llamas), que en septiembre se traslada a la localidad de St Goar.
Cinco kilómetros al sur y en la orilla izquierda se halla el Schloss Stolzenfels, ejemplo de las restauraciones neogóticas de fortalezas devastadas durante la guerra de los Treinta Años y las campañas napoleónicas. Erigido en el siglo XIII y casi destruido en 1668, este castillo de torres almenadas fue reconstruido por los prusianos en 1836 y hoy exhibe un espléndido mobiliario –ver Visita Guiada–. En la orilla opuesta destaca la silueta del castillo de Lahneck, cuya leyenda asegura que allí murieron los doce últimos caballeros templarios, en combate contra asaltantes al servicio del arzobispo de Maguncia.