El lago Titicaca, ubicado en el corazón de la cordillera de los Andes, entre Bolivia y Perú, tiene una superficie de 8.562 kilómetros cuadrados, unas dos veces y media la extensión de la isla de Mallorca. Situado a 3.810 metros sobre el nivel del mar, está considerado el lago navegable más alto del mundo. Su presencia modera el clima en las regiones circundantes al absorber la energía solar durante el día e irradiarla por la noche, y favorece la vida en sus elevados dominios.
En sus más de 1.000 kilómetros de costa habitan mayoritariamente pueblos indígenas, unas 400.000 personas que viven de lo que obtienen de sus aguas: pesca, plantas de forraje para alimentar el ganado y la totora, un junco acuático muy común en el lago que se emplea desde hace siglos como material de construcción de las balsas tradicionales, viviendas, islas flotantes y diversos artículos domésticos.
En la actualidad la población de la cuenca del lago Titicaca está constituida por las etnias aymara, quechua y uru, habitantes de este territorio desde tiempos prehispánicos que guardan una estrecha relación con el lago y viven en unas condiciones de gran precariedad. Los altos niveles de contaminación de sus aguas, la extrema pobreza de la población y la escasez de lluvias han puesto en jaque su supervivencia.