Tras ocuparse de las tareas domésticas, las damas atenienses gustaban de acicalarse y celebrar reuniones con sus amigas
Por Raquel López Melero. UNED, Historia NG nº 104
A los veinte años, una ateniense del siglo V o IV a.C. estaba entrando ya en el último tercio de su existencia, porque en esa época la expectativa de vida femenina no llegaba a los treinta años; en ello tenía mucho que ver la maternidad, que se relacionaba con la muerte de una de cada cuatro mujeres. Imaginemos que esa mujer se llama Eudoxia. A los catorce años se había casado con el heredero de una hacienda (oikos) de tamaño medio, que ya había cumplido los treinta. Al principio estuvo en una posición secundaria en la casa de su esposo, a la que se trasladó después de la boda; pero, ahora que ya es madre de dos hijos, ejerce de dueña y señora. No en vano había aportado al matrimonio una dote importante, mientras que la hacienda de la familia del esposo se había visto disminuida en parecida proporción para constituir la dote de la cuñada de Eudoxia.
En la casa de su familia de origen, Eudoxia aprendió las labores femeninas y recibió una serie de enseñanzas que garantizaban su valor como futura esposa de un ciudadano hacendado. De esta forma, ahora puede leer y escribir con soltura, sabe tocar la lira y puede controlar la educación de sus propios hijos, hasta los siete años la de los varones y hasta su casamiento la de las féminas, aunque cuente para ello con la ayuda de esclavos ilustrados.
Las ocupaciones matutinas
Se puede decir que Eudoxia es una mujer feliz, querida y respetada por todos, porque asume su papel de esposa y madre con el mismo sentido del deber con el que su marido se entrena para la guerra y acude al combate cuando es necesario. A él le corresponde asegurar la pervivencia de la comunidad con las armas, y a ella, alumbrar y criar hijos que sustituyan a los muertos en el combate y a los ancianos. Por otro lado, mientras el marido participa en la gestión política y en la administración del Estado, ella, que no tiene que ausentarse por motivos bélicos o de trabajo, se encarga de dirigir y administrar la casa.