En 2002, un equipo de arqueólogos alemanes descubrió en Siria las cámaras funerarias intactas de una dinastía del II milenio a.C.
Por Cristina Barcina. Historiadora, Historia NG nº 103
El conde Robert du Mesnil du Buisson llegó a Siria después de la primera guerra mundial, entre las tropas francesas encargadas de administrar el territorio. Aficionado a la arqueología, supo por un viajero que a 18 kilómetros de Homs, la ciudad en la que residía, se encontraba un lugar que parecía presentar un particular interés histórico. Se trataba de un montículo llamado Tell el-Mishrife, una colina artificial formada, como otras en el Próximo Oriente, a partir de los sucesivos niveles de ocupación desde épocas remotas. La particularidad de Tell el-Mishrife era su extensión, un kilómetro cuadrado, algo que a Dumesnil le pareció muy prometedor: «Lo primero que sorprende del sitio son las proporciones gigantescas de las ruinas, especialmente la altura de las elevaciones de tierra y la superficie del área interior».
Durante los primeros años, Du Mesnil excavó en el promontorio que se halla en la parte occidental del yacimiento. Hasta que en la campaña de 1927 realizó el descubrimiento que le permitiría identificar el lugar: una serie de tablillas cuneiformes que hacían referencia al nombre de la ciudad, Uru qat-na. Du Mesnil se dio cuenta de que había desenterrado la antigua ciudad de Qatna, capital de un poderoso reino que en la primera mitad del II milenio a.C. se enriqueció con el comercio que la unía a las ciudades del valle del Éufrates y se relacionó con los grandes imperios de la época como los hititas, Mitanni y Egipto. Durante los trabajos, Du Mesnil localizó también unas escaleras en el área norte e hizo trasladar una iglesia que le impedía cavar sin obstáculos. Sin embargo, en 1929 tuvo que dejar las excavaciones.
La cripta de los reyes
Hasta el año 1999 no se reanudaron las labores arqueológicas en Qatna. Un equipo sirio-alemán, dirigido por los arqueólogos Michel al-Maqdissi, de la Dirección General de Antigüedades y Museos de Siria, y Peter Pfälzner, de la Universidad de Tubinga, fue el encargado de continuar la labor de Du Mesnil, mientras que Daniele Morandi, de la Universidad de Udine, coordinó las operaciones en el resto del promontorio y del yacimiento.