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Al igual que el sol, que cada día desaparece para renacer a la mañana siguiente, el hombre muere para despertar a una nueva vida

El «Libro de los muertos»: una guía para el más allá

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Libro de los muertos

Contenido del artículo

Al igual que el sol, que cada día desaparece para renacer a la mañana siguiente, el hombre muere para despertar a una nueva vida. Pero ese renacimiento no está exento de peligros...

Uno de los documentos más valiosos para conocer la religiosidad de los antiguos egipcios es el Libro de los muertos. Se trata de una colección de breves textos relacionados con la muerte, de la que se han hallado numerosos ejemplares en los sepulcros antiguos. Titulado en realidad Libro para salir a la luz del día, su contenido es muy variado. Lo que le da coherencia es el afán de cubrir las distintas etapas por las que se creía que pasaba toda persona después de su fallecimiento. Así, en primer lugar se encuentran las plegarias recitadas durante la ceremonia de sepultura por los familiares y allegados. Luego se transcriben las fórmulas de exorcismo y sortilegio que el difunto, después de salir de la momia como si ésta fuera una crisálida, debía pronunciar al entrar en el Más Allá, para superar los diversos obstáculos que le salen al paso o responder a guardianes de las puertas que debía atravesar. Igualmente, se ofrecía una descripción poética de la vida de ultratumba, con gran riqueza de detalles. Y por último se relataba la glorificación del alma en su viaje sobre la barca del dios Re, atravesando el cielo sobre Egipto hasta llegar al tribunal del dios Osiris, donde el corazón del suplicante (equivalente egipcio del alma) sería pesado para determinar si merecía la vida eterna.

Las primeras versiones del Libro de los muertos se remontan a mediados del III milenio a.C. Después de múltiples modificaciones, en los siglos VII-VI a.C. se llegó a una versión definitiva. En torno al libro se generó todo un negocio controlado por los sacerdotes, los únicos posesores del saber misterioso que en él se contenía y que vendían a los particulares ejemplares a veces muy lujosos. La fama de la obra repercutió asimismo en la arquitectura funeraria; la decoración de muchas tumbas reales tomo numerosos elementos del Libro de los muertos. Destacan a este propósito las tumbas de Pashedu, en Tebas, o el templo funerario de Tutmosis III en Deir el-Bahari.

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