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Herodes el Grande

Herodes el Grande, el rey que escandalizó a los judíos

Contenido del artículo

Aupado al trono de Judea con el apoyo de los romanos, Herodes se entregó a una vida de placeres y de intrigas que ofendió a los judíos más piadosos, agrupados en el templo de Jerusalén

Por Antonio Piñero. Universidad Complutense, Historia NG nº 101

Herodes el Grande reinó sobre el pueblo judío durante prácticamente las cuatro últimas décadas del siglo I a.C. Destacó por su eficaz gestión administrativa, por el lustre que dio a Judea, por grandes obras como la reconstrucción del templo de Jerusalén, e incluso por gestos humanitarios como el reparto de grano, comprado de su propio peculio, en una terrible habruna. Pero Herodes no supo, o no pudo, conquistar el corazón de sus súbditos judíos: para ellos fue siempre una piedra de escándalo y un motivo de rencor.

En cambio, Roma, que desde el año 63 a.C. había hecho de la antigua Judea un reino vasallo (que abarcaba Samaria, al norte, y Edom, al sur), adoraba a Herodes. Pocos monarcas se mostraron tan complacientes con el naciente Imperio romano y tan solícitos en colaborar con él. Esto se hizo patente cuando Octavio Augusto, tras vencer a Marco Antonio y Cleopatra en la batalla de Actium (31 a.C.), llamó a su presencia a Herodes. Éste temió seriamente por su vida, pues hasta entonces había sido un activo partidario del enemigo mortal de Octavio, Marco Antonio. Pero cuenta Josefo que el nuevo mandatario del Imperio supo apreciar la fidelidad del rey de Judea a su enemigo como prueba de su lealtad sin fisuras a Roma. No sólo lo dejó con vida, sino que le declaró su profundo aprecio. Augusto mantuvo excelentes relaciones con Herodes, pues éste se comportaba como un subordinado ideal: sus informes periódicos eran precisos y sabía que cualquier deseo que se expresara desde Roma era al punto ejecutado en su reino.

Por el contrario, a los ojos de sus súbditos, la mayoría piadosos, un monarca como Herodes era precisamente lo que no necesitaba Israel. De él les molestaban muchas cosas, empezando porque su reinado había sido impuesto con mucho derramamiento de sangre por las armas romanas, y siguiendo por el hecho de que el monarca no tenía orígenes puros judíos, ni mucho menos; su padre descendía de una familia de Edom, enemiga tradicional de los judíos, y su madre era árabe. Pero lo peor de todo era que Herodes mostraba muy poco respeto por las costumbres y leyes de la religión judía, para indignación de los judíos piadosos y observantes, que en su mayoría estaban radicados en Jerusalén, espejo de la nación.

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