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La muerte de Nerón

Nerón, el fin del emperador artista

Contenido del artículo

En el año 68, una revuelta hizo que Nerón huyera de Roma y se suicidara con la ayuda de un sirviente.

Por Juan Luis Posadas. Doctor en historia, Historia NG nº 102

Los últimos años del reinado de Nerón (54-68 d.C.) fueron complicados. Sus extravagancias personales, sus derroches y sus actos de violencia no sólo habían escandalizado a muchos romanos, sobre todo de las clases altas, sino que habían repercutido negativamente en el gobierno del Imperio. Sus viajes por Grecia y la escasa atención que prestó a la situación en las fronteras del Imperio pusieron en peligro la pax romana, mientras la hacienda pública se acercaba a la bancarrota.

Necesitado de dinero, Nerón desencadenó una persecución contra los senadores ricos con el objetivo de confiscar sus patrimonios. Fue esto lo que provocó las primeras conspiraciones serias contra la vida del emperador. La más importante se desarrolló en el año 65, instigada por el patricio Calpurnio Pisón. La represión ordenada por el emperador se cobró decenas de víctimas, entre ellas el filósofo Séneca y su sobrino, el poeta Lucano. Tras este episodio, las costuras del Imperio empezaron a estallar, sobre todo en Judea, donde una rebelión en el año 66 hizo peligrar la posición de Roma en Oriente.

Revuelta en la Galia

La peor de las pesadillas de Nerón comenzó a pocas millas de Italia, en la Galia. Allí residía, en la ciudad de Lyon, Julio Víndex, un astuto y ambicioso noble galo. Senador e hijo de senador (cargo éste de senador que se concedió a muchos jefes de las tribus galas aliadas de Roma), Víndex estuvo al servicio de Nerón y fue nombrado gobernador de la Galia Lugdunense, con rango de propretor. Desde su palacio de gobernador en Lyon, Víndex pudo contemplar el estado de ruina económica en que se encontraban las Galias a causa de la avaricia de los recaudadores de impuestos y la inacción de las autoridades romanas. La élite gala, apenas romanizada, estaba presta a volverse contra Roma, y Julio Víndex se convirtió en su cabecilla. Desde Lyon escribió a otros gobernadores del Imperio para manifestarles sus quejas y preparar un alzamiento contra el emperador, considerado el causante de todos los males. Finalmente, en marzo del año 68, Víndex se proclamó «campeón de la libertad contra Nerón» y, en una serie de brillantes discursos transmitidos por Tácito en su libro Historias, llamó a la rebelión de todos los ciudadanos, tanto galos como romanos, para liberar al Imperio de la vergüenza de ser gobernado por un hombre ridículo, que tan sólo pensaba en que lo aplaudieran como cantante y que incluso había matado a su madre, Agripina.

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