Accesos rápidos


Publicidad


El rey Midas

Midas, el rico rey de Frigia

Contenido del artículo

Los frigios vivieron su apogeo en el siglo VIII a.C. bajo el gobierno de Midas, el rey que convertía en oro todo lo que tocaba.

Por Francisco Javier Fernández Nieto. Universidad de Valencia, Historia NG nº 102

Midas, el rey de Frigia, es el protagonista de uno de los mitos más conocidos de la Antigüedad. Evocado por infinidad de escritores y artistas, fue el poeta romano Ovidio el que dio la forma definitiva al relato. En sus Metamorfosis (XI, 85 ss.) Ovidio explica cómo Midas logró capturar a Sileno, una divinidad o genio que se presentaba como un hombre ya entrado en años y muy dado al vino, pero poseedor de una profunda sabiduría y que había educado a Dioniso en su juventud. Sileno vivía libre en un maravilloso jardín situado al pie del monte Bermio, en Macedonia, donde crecían raras y fragantes rosas de sesenta pétalos. Midas rellenó con vino la fuente donde el viejo demonio solía beber y así, al caer embriagado, pudo hacerlo prisionero. En varios lugares de Asia Menor existían manantiales denominados «fuente de Midas» donde, según tradiciones locales, aquel monarca había hecho prisionero a Sileno. Según otras versiones, los pastores de Midas lo sorprendieron mientras dormía en el jardín real y entonces lo ataron y lo condujeron ante el rey. Una vez en presencia de Midas, las ligaduras que sujetaban al viejo se desprendieron como por encanto; su llegada se celebró con alegres fiestas, que duraron diez días, y Sileno, sin mostrarse enojado, habría instruido al monarca «sobre la naturaleza y sobre el pasado».

A continuación, Midas llevó a Sileno ante Dioniso, quien, encantado de haber recuperado a su viejo ayo, y en agradecimiento por el buen trato que le dispensaron, decidió otorgar a Midas la facultad de elegir el don que prefiriese, garantizando que su deseo sería satisfecho. Midas le pidió «que todo lo que toque con mi cuerpo se convierta en resplandeciente oro». La demanda se realizó y el rey frigio pudo comprobar, gozoso, la efectividad de la promesa tocando toda clase de objetos; sucesivamente transformó en oro la rama de una encina, una piedra, un terrón del suelo, varias espigas de cereal, las piezas de una puerta, una fruta, el agua que se desliza entre sus manos. Mas cuando se disponía a reponer fuerzas, vio cómo una lámina de oro cubría los manjares simplemente al roce de los dientes, y los líquidos escapaban de su boca abierta como metal fundido. Estupefacto e infeliz, muerto de hambre y abrasado por la sed, el rey pidió perdón al dios y le rogó que suprimiera aquel regalo pernicioso. Dioniso accedió y restableció a Midas su condición natural, ya que el rey demostró arrepentimiento. No obstante, debería practicar un ritual de purificación, sumergiendo su cuerpo en el nacimiento del río Pactolo (junto al monte Tmolo, en Lidia). Midas resolvió de este modo el problema y desprendió de su cuerpo el fatídico don, pero a partir de entonces sería la corriente del río la que arrastrase pepitas de oro.

¿Existió Midas?

La leyenda del rey Midas estaba enlazada con la historia primitiva de los frigios. El pueblo brigio o frigio estuvo originariamente establecido en la región de Macedonia, pero hacia finales del II milenio a.C. emigró desde Europa hasta asentarse en una amplia región situada al norte de Asia Menor (la actual Turquía) que con el tiempo tomaría el nombre de Frigia. Fueron estos frigios quienes trajeron consigo hasta Asia la leyenda de Sileno, que no era sino una divinidad o genio híbrido de la naturaleza, un daímon o ente divino inferior ligado a los rituales báquicos y al séquito del dios Dioniso.

Página 1 de 2Siguiente

Utilidades

  • Meneame

Comentarios


Te recomendamos este artículo Cerrar

Ruta por Capadocia

Göreme, Ürgup y Zelve son los vértices de este recorrido por la región más fantástica de Turquía

Publicidad

Publicidad


Suscríbete