La audaz invasión de Rusia, que provocó un pavoroso incendio en Moscú, constituyó el mayor fracaso de Napoleón
Hambrientos, exhaustos y ateridos: así volvieron los supervivientes de la Grande Armée, el Gran Ejército francés, al término de una de las campañas más audaces de Napoleón, que resultó fatídica para la suerte de su Imperio.
En 1810, Napoleón se encontraba en la cima de su poder. Sus ininterrumpidas victorias en el campo de batalla le habían convertido en dueño de Europa. Sin embargo, el zar Alejandro I, sin romper de forma clara con Francia, se negaba cada vez más abiertamente a seguir los dictados del emperador. Napoleón decidió entonces invadir el Imperio del zar con un colosal ejército formado por más de 600.000 hombres.
Moscú, reducida a cenizas
El 7 de septiembre de 1812, el ejército de Napoleón derrotó a las tropas rusas dirigidas por Kutusov en la sangrienta batalla de Borodino, que se cobró un saldo de 75.000 bajas entre imperiales y rusos. La victoria abrió a los franceses el camino hacia Moscú.