Tuvo que ser un espectáculo deslumbrante: un ejército de soldados de tamaño natural, moldeados en arcilla y pintados, custodiando bajo tierra la tumba del emperador. Ahora arqueólogos y restauradores se valen de las últimas técnicas disponibles para rescatar del olvido aquella imponente visión.
Por Brook Larmer, Junio de 2012
Fotografías de O. Louis Mazzatenta
En un foso de tierra, debajo de lo que antiguamente fue el huerto de caquis de un pueblo cercano a la ciudad de Xian, en el centro de China, tres mujeres de mediana edad se afanan en resolver un rompecabezas milenario. La jovial Yang Rongrong, de 57 años, manipula con sus manos callosas una pieza irregular hasta que da con el encaje perfecto. Las otras dos ríen y murmuran en gesto de aprobación, como si estuviesen disfrutando de un agradable pasatiempo. En realidad, Yang y sus amigas están recomponiendo un misterio de 2.200 años de antigüedad: el ejército de terracota, parte del célebre, y aún poco conocido, complejo funerario del primer emperador de China, Qin Shi Huangdi.