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Publicado: May 2010

Monte Saint Helens

saint helens

La montaña transformada

Treinta años después de la erupción, el monte Saint Helens vuelve a la vida.

Por McKenzie Funk
Fotografías de Diane Cook y Len Jenshel

Antes había latas de cerveza en el fondo del lago Spirit. Mark Smith las recuerda perfectamente: latas antiguas de Olympia, con sus relucientes letras doradas conservadas por el agua fría y transparente. Recuerda las truchas arco iris de 25 centímetros, introducidas para deleite de los turistas, y una barca de remos del YMCA hundida en el lecho del lago, con la proa apoyada en un tocón sumergido. Era un muchacho cuando empezó a bucear a la sombra del monte Saint Helens, por eso recuerda cómo era el lago antes de la erupción de mayo de 1980, antes de que los 400 metros de la cima del volcán (unos 3.000 millones de metros cúbicos de fango, cenizas y nieve fundida) se precipitaran en sus aguas, antes de que se volviera el doble de grande pero la mitad de profundo, antes de que prácticamente cualquier señal de vida, animal o humana (cabañas, carreteras, tiendas de campaña y latas de cerveza), quedara borrada. Y antes de que el lago se convirtiera en una sopa fétida, sin oxígeno y cubierta por un manto flotante de troncos arrancados de las laderas. Lo que recuerda mejor es lo que él llama el bosque «petrificado»: un fantasmagórico grupo de abetos sin ramas en pie, enterrados varias docenas de metros por debajo de la superficie. El bosque subacuático fue un misterio para él hasta que la montaña estalló. Entonces lo comprendió todo. Los árboles eran la evidencia de una erupción pasada, la señal de que el lago Spirit siempre ha estado en primera línea de fuego.


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