Publicado: Enero 2010
Las Hébridas

El confín del mundo
Agrestes y sublimes, las Hébridas escocesas mueven desde hace siglos a artistas, científicos, poetas y viajeros a apreciar el valor de la naturaleza salvaje.
Por Lynne Warren
Fotografías de Jim Richardson
En 1948 Michael Robson se enamoró de un lugar que jamás había pisado.
Una revista ilustrada trasladó la imaginación del muchacho de la familiaridad doméstica de su hogar inglés a las agrestes islas cuyos picos se yerguen frente a la costa noroccidental de Escocia. En cuanto pudo, Robson respondió a la llamada de las Hébridas. Comenzó a emprender, siempre que tenía ocasión, largos viajes en barco y en autobús, en lancha y a pie, aventurándose por los montes de Skye y los páramos y ensenadas de Lewis y Harris, atravesando kilómetros de océano para alcanzar un islote rocoso cuyo último asentamiento permanente había sido abandonado hacía un siglo.
Más de 500 islas e islotes forman las Hébridas Interiores y Exteriores. A menudo cubiertas por un manto de niebla y lluvia y casi siempre azotadas por el viento, están rodeadas de aguas tempestuosas capaces de poner a prueba al capitán más avezado, mares que en un mismo día pueden pasar de la suave ondulación de un inverosímil azul tropical a la violencia de una masa de espuma y agua gris plomo. Durante milenios fue un reto sobrevivir en las Hébridas. Aun así, celtas y vikingos primero, y escoceses e ingleses después, se disputaron su dominio. Hoy sólo unas cuantas islas están habitadas. «Algunos visitantes las encuentran inhóspitas –dice Robson–, pero es porque no se fijan en ellas como es debido.»
Continuar...
Facebook
Meneame
ImprimirEnviar a un amigo
Publicidad