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Publicado: Noviembre 2009

Indonesia

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Desafiando al fanatismo

Un islam más tolerante hace frente al extremismo en el país con mayor población musulmana del mundo.

Por Michel Finkel
Fotografías de James Nachtwey

Él mismo abre la puerta. No lleva escolta, no intenta esconderse. Abu Bakar Bashir ocupa una modesta vivienda de planta baja en el internado que ayudó a fundar en Ngruki, una plácida aldea enclavada en el interior montañoso de la principal isla indonesia, Java. A sus 71 años, Bashir es un hombre enjuto, de perilla cana y vivaces ojos oscuros que agrandan unas gafas de montura dorada. Es el presunto líder espiritual de Yemaa Islamiya, el grupo radical islamista que ha sido relacionado con al menos media docena de atentados perpetrados en Indonesia durante la última década, entre ellos las devastadoras bombas de las discotecas de Bali en 2002 y, tal vez, los atentados suicidas de este verano en hoteles de lujo de Yakarta.
Bashir niega tener algo que ver con la violencia y, como un hábil capo de la mafia, ha logrado que no se pueda demostrar ninguna conexión entre él y cualquiera de esos actos terroristas. Ha cumplido dos penas de prisión (menos de cuatro años en total) por delitos menores sin relación directa con los atentados. Pero el internado islámico que fundó constituyó a todas luces el nudo central de una red de yihadistas decididos a crear un Estado islámico en el Sudeste Asiático; varios ex alumnos de Ngruki han sido condenados por su participación en graves atentados. Poca duda cabe de que las enseñanzas de Bashir han inspirado cientos, quizá miles, de asesinatos y agresiones contra grupos musulmanes «disidentes» situados al margen del islam dominante. A pesar de todo, el propio Bashir en persona abre la puerta de su casa. «Pasen –dice en bahasa indonesia, el idioma oficial del país–. Tomen un zumo.»


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