Publicado: September 2009
Orquídeas

Orquídeas, amor y mentiras
¿Cómo hacer para propagar los genes sin moverse del sitio? Seduciendo a los animales, entre ellos a los humanos.
Por Michael Pollan
Fotografías de Michael Pollan
Los animales no tenemos suficiente aprecio por las plantas. Cuando queremos tachar a un congénere de ineficaz o superfluo, decimos que es «un florero», y cuando hablamos de «un vegetal» nos referimos a una persona que, tras perder la mayoría de las funciones esenciales para salir adelante por sí misma en la vida, ha quedado reducida a un estado vegetativo, de máxima indefensión. Sin embargo, las plantas se las arreglan muy bien tal como son, y ya lo hacían millones de años antes de nuestra aparición. Es cierto que carecen de habilidades tales como la locomoción, el uso de herramientas, el dominio del fuego o los milagros de la conciencia y el lenguaje. Para animales como nosotros, éstos son los instrumentos que consideramos más «avanzados» para defendernos en la vida, lo cual no es de extrañar, ya que hasta el momento han sido el brillante destino de nuestro viaje evolutivo. Pero la próxima vez que sintamos la tentación de ensalzar la conciencia humana como el pináculo de la evolución, haremos bien en reflexionar de dónde nos viene la idea. De la conciencia humana. Una fuente muy poco objetiva.
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