Publicado: August 2009
Informe especial

La crisis alimentaria
El fin de la abundancia: el consumo mundial de alimentos supera con creces la producción.
Por Joel K. Bourne / Jr.
Fotografías de John Stanmeyer
Es el más simple y natural de los actos, como respirar o caminar erguidos. Nos sentamos a la mesa, cogemos el tenedor y pinchamos un buen bocado, sin prestar atención a la procedencia de lo que tenemos en el plato, la carne viene de Irlanda; las verduras, de Marruecos; los plátanos no siempre son de Canarias, sino de Brasil o de Costa Rica; la mantequilla, de Dinamarca, y las manzanas, de China. La sociedad moderna nos ha librado de la carga de sembrar, cosechar e incluso de hornear el pan nuestro de cada día, obligándonos a cambio a pagar por él. Sólo prestamos atención cuando suben los precios. Y nuestra falta de atención puede tener graves consecuencias. El año pasado, la galopante subida del precio de los alimentos fue una señal de alarma para todo el planeta. Entre 2005 y el verano de 2008, los precios del trigo y del maíz se triplicaron, y el del arroz se multiplicó por cinco, lo que causó disturbios en más de 20 países y sumió en la pobreza a 75 millones de personas más. Pero, a diferencia de otras crisis anteriores causadas por una escasez a corto plazo, esta subida de los precios coincide con un año en que la cosecha de cereales ha sido excepcional en todo el mundo. Esta vez, el alza de los precios fue un síntoma de un problema más grave que está tensando la red mundial de producción de alimentos y que no se resolverá en un futuro próximo. En palabras sencillas, puede decirse que durante buena parte de la última década el mundo ha consumido más comida de la que ha producido. Tras años de recurrir a las reservas almacenadas, el mundo comprobó en 2007 que éstas habían caído y sólo alcanzaban para sustentar a la población mundial durante 61 días, la segunda cifra más baja registrada hasta el momento.
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