Publicado: April 2009
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Svalbard, vida en el Ártico noruego
Focas, osos y aves prosperan desde hace siglos en este remoto archipiélago noruego, pero el deshielo y la contaminación causan estragos en su hábitat, amenazando su supervivencia.
Por Bruce Barcott
Fotografías de Paul Nicklen
Pasan cinco minutos de la medianoche en Svalbard y el mundo salvaje sigue despierto y emitiendo sus habituales sonidos. En el borde de un estuario protegido en Adventdalen, un valle de este grupo de islas a medio camino entre Noruega y el polo Norte, una bandada de charranes árticos planea y revolotea en la luz perpetua. Están agitados. Desde el este se acerca un par de gaviones hiperbóreos, las rapaces más temidas del Ártico porque roban huevos y polluelos. Los charranes se defienden con ferocidad. Exhiben sus picos rojos y forman un grupo compacto, convirtiéndose en una nube densa y peligrosa para sus atacantes.La táctica funciona. Los gaviones pasan de largo y empiezan a trazar círculos en el aire en busca de otras presas. Sobrevuelan una pareja de eíderes comunes que han hecho su nido en el suelo, una caseta de perros de trineo y un solitario reno que pasta en la tundra.Es una típica noche de verano en Svalbard, un refugio totalmente atípico en el alto Ártico en el que abunda una extraordinaria variedad de vida salvaje. Pocos lugares en la región circumpolar pueden igualar su biodensidad. Cerca de la mitad de los 3.000 osos polares del mar de Barents cría en las remotas islas de este archipiélago. Además, millones de aves marinas emigran a Svalbard. Cinco especies de focas y 12 tipos de ballenas se alimentan en las aguas frente a sus costas. Las morsas del Atlántico medran gracias a la abundancia de almejas que hay a lo largo de la plataforma continental poco profunda del mar de Barents. En la tundra abierta de las mesetas y los valles de Svalbard, los renos pastan y los zorros árticos cazan sin temor a los depredadores.Lea el artículo completo en la revista
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